X (Equis)Recitativo para 4 voces.  

 

Voces:
el
audífono.


el gramófono.


el taxónomo.


voz X.

 

 (habla el taxónomo)

Esta Ciudad no tiene nombre, como no tiene nombre


el lado del cuchillo opuesto al filo
.

 

Pero está aquí  para
ser nombrada allí por un nombre tan
extenso que se va olvidando a medida que se lee ese nombre que es el nombre de
todos y que llamados por él nadie responde.

Y no habrá error en esa
palabra como no hay error en la nube que a cada instante cambia de forma.

Harán su casa en las sílabas todas las cosas.

Y con palabras

llamaran muerte a lo que no
existe,

sueño a la copulación

porque lo soñado por el hombre despierta en la mujer y la fecunda,

y Aquello

a este mundo que podría haber
sido otro.

 

(
habla el
audífono)

En el principio, ahora,
en cualquier momento,


aquí
,

en todo lugar

habla este decir que no comienza,

que se origina

en algún momento de su repetición,
Girando penetra un tornillo sin
fin

después y adentro de algo ,
                  mediante
un eje de transmisión

hace tiempo empezado
convirtiendo un movimiento circular en rectilíneo

como el soy en la cara.
que en lo real no
encuentra resistencia.

y pasa a través

del ojo agujero de la palabra aguja.

igual que el agua,

hace su estatua de nada que sucede.

 

(voz X)

 

A esta ciudad no se va, ella viene.

(como
el sueño)

Enfrente de la orilla está la misma orilla.

No se puede entrar no se puede salir menos aún quedarse

La
entrada está a la salida

como el cartel que dice

“Usted
está aquí”

y no se está allí sino
enfrente

donde gira el ojo

que quiere estar en el lugar

de lo que mira

viendo,

desde esa vereda de la
infancia

en la que se nos permitía
jugar pero sin cruzar la calle,

la misma calle

que ahora se está obligado a
cruzar constantemente

por horror al vacío.

 

 

(
habla el
gramófono)

 

La ciudad está en el Mundo sin haber nacido,

Es imposible evocar el Nombre de aquello

que
estaba en el mar antes que el agua.

 

( habla el audífono)

Quien
lo escribe está perdido.

La
palabra

cierra
una puerta detrás del hombre.

En lo escrito está tachado

un minuto de silencio

donde debe leerse

la transparencia

de un vidrio

que va a caer

y no cae

pero sabe que va a caer.

(
Habla el
taxónomo)

No hay primera ni segunda
persona.

ni forma singular del nadie.

El que habla es siempre un
tercero,

frente al espejo,

donde se hace un nudo sin
saber como ni qué se ata

cuando tirando de esta punta

se desata.

(
Voz X )

Por
un sistema de resortes antagónicos,

aparece
en lo doble, el tercero,

y
vuelve el hombre al pez que era.

( Habla el audífono )

 

Nadie puede vivir aquí
                                       


Y si aquí vive


es porque es nadie

 

 

 

 

(habla
el
taxónomo)

Los habitantes de este ciudad se parecen al error,

a la cabeza de un clavo hundido,

al movimiento que hay en un hormiguero.

 

Semejantes a una mata de hierba y al
mismo tiempo al caballo que la come,

a un castillo de naipes frente a una
ventana abierta.

a una mano que ha dejado caer a lo que
más amaba.

 

Los hombres de
este lugar se parecen a los demás hombres

  pero más se parecen a lo que los hombres
no son.

 

 ( Voz
X )

 

Encuentra su raíz en la
altura

todo lo que para crecer
necesita derrumbarse,

recorriendo distancias
iguales

en tiempos iguales,

 en su propio peso,

por un pozo

que permite caer
rectilíneamente

en el vacío

y relaciona

a la distancia con la
velocidad,

como la usura

relaciona el tiempo con la
moneda.

y el número de sílabas con el
acento

que escribo mientras leo

la palabra

que no tiene semejanza con lo
real,

pero la realidad es una
palabra

que está en el idioma

como una amenaza.

La Palabra

que en su lugar no tiene otro

se contrae

en su punto de fuga
y germina

como una estrella

que sin poder verse

en su propia luz

se escucha
                 
y se presagia

      como el muro

      que da vueltas

     alrededor

     de la casa

     sin entrar

     nunca.

 

 

(habla
el
gramófono)

No
tenemos casa.

Hablar
es nuestro extenso país,

Todo aquello que no está y
estaba y está aquí,

en esta fotografía que miran
las estrellas.

 

( habla el audífono)

 

Nosotros no estábamos acá,
fuimos traídos.

Y prosperó un mal para el que
no había nombre,

pero, igual que Dios, existía
en el lenguaje,

Llegó la peste
y tenía otro nombre

que estaba debajo de
las cosas como un número.

Su mundo no es de
este reino.

Llegó  a esta ciudad
y tenía otro nombre

llegó a nosotros que no estábamos acá y fuimos traídos.

tachados

por un dolor atroz

anterior a la invención de la
rueda

que no entra en la carne como
un clavo

sino que sigue doliendo

en todas las hormigas de la
tierra, una por una.

Es necesario el silencio,

la
piedra del grito que se ha tragado la piedra.

para
que lo que va a pasar, leído, suceda

igual que un animal decapitado que
continúa corriendo.

 

 

(habla el taxónomo)

 

La peste propaga

su puerta boca a
boca.

 ( Voz
X )

Hay
peste

cuando
el signo = implica un incremento

y
el dinero engendra dinero

por
generación asexuada.

 

 ( habla el gramófono)

 

convierte la memoria de todos en el olvido
de nadie

el virus

que a medida que
produce reproduce

el desplazamiento
continuo de lo que estaba en la pregunta

al lugar de la
respuesta.

 

( Voz X )

 

No hay tiempo, ni ganado ni
perdido, del que se pueda decir ahora

porque no hay moneda
incorruptible

 

(habla
el
audífono)

 

Está vacío el punto de
intersección

donde todo es devorado.

por
la X

de
la multiplicación del signo por el signo

que no cura ni salda el
pecado.

 

 

(habla el taxónomo)

 

La peste es el pago de una deuda infinita
cuyo monto es nada.

(
La relación no periódica entre interés y capital

difiere
el Juicio Final

que
no adviene porque ya tuvo lugar en el principio.)

 

se incrementa y aumentando disminuye

hasta
ser nada

la
medida del hombre que es el hombre

acuñado
como moneda

por
la llaga / el signo del mal

inscripto
sobre el cuerpo ausente.

 

Y su precio no cae

porque no hay profundidad en la moneda.

Rige
la muerte cuando la moneda rige

la
diferencia entre ser y pensar,

y
se piensa la moneda

porque
la moneda es lo que debe ser pensado
.

 

( habla el audífono)

 

porque no puede ser sino pensada,

la circulación de la moneda en el vacío,

la conversión del verbo en sustantivo.

En la repetición en la que nada regresa

ni es devuelto lo perdido,

como nada hay escrito en esta mano

donde aprendí a leer…                  el destino que no está escrito
en la mano,

la
mano misma es el destino,

 

 

(habla el taxónomo)

 

sin
certeza

que
ese animal distante
mi mano

aún
sea yo.

 

 

(
Voz X )

A
esta mano

le
falta una piedra,

una
piedra

a
la que le falta esta mano.

 

 

(habla el audífono)    Para llenar lo
vacío hay que vaciar lo lleno.

La memoria no puede dar
prueba del olvido,

y en el olvido de algo está
la posibilidad de olvidarlo todo.

 ( Voz X )

 

 Nunca deberíamos haberlo hecho,

ahora
lo recordaremos hasta llenarnos de escamas.

(
Aunque me ponga guantes o me frote con alcohol

cuando
se va la mancha queda el temblor en la mano.)

Queremos
irnos pero eso está adentro,

y
no tiene lugar ni el tiempo pasa,

no
es atrás ni ayer donde se escuchan los ladridos,

la
fuga es un espejo que incluye su simetría

por
la que el cordero va a beber en el agua


el reflejo del lobo.

No
se puede olvidar que nunca llega

ese
proyectil siempre visto de frente.

 

(habla el taxónomo)

 

la memoria,

que a medida que produce reproduce

otro ojo, el ojo de su aguja

por donde lo semejante no pasa

y sin parecerse a nada

se reconocen idénticos los cuerpos

en la certeza

que cura la amnesia con un recuerdo falso,

una piedra que apunta a un pájaro que aún no ha nacido.

 

 

(habla el gramófono)


 Visible para otros, la cara es útil.


Hay razón suficiente para tener los ojos y la nariz


cercanos a la boca

y derivar de eso

un rostro

que le ha crecido a la mano.

Un mecanismo que hace lo que
ninguna de sus partes hace,

una máquina de vapor que
acciona un instrumento de viento

fijado en la memoria

como un trompo que en su
propia velocidad desaparece.

 

 ( habla el audífono)

 

Porque no puedo verme sin hablarme que es un modo de oírme


la cara,

donde recuerdo el aire por
afuera,

como aquel que por cálculos
descubre un planeta que no ha visto,

el tímpano del ojo mira lo
que dice, a presión y temperatura constantes,

la palabra, que la boca omite
cuando emite

hablando de oído y que
mastica

sin saber lo que se come en lo que
se dice.

 

Lo hueco de la boca dibujada
sobre la boca,
hace una oreja

recién llegada al mundo y sin
cabeza.

 

 

(habla
el
taxónomo)

 

Es
imposible decir

hacer ver
por la boca esta oreja en este ojo

diciendo

“Este
es mi cuerpo”
sin afirmar “Este soy yo”.

No vivo aquí,

donde la voz percute

la
tensión de membrana

de
un líquido ideal

sobre
el que puede caminar

lo
que no pesa.

 

 

(habla el gramófono)

        Una
vez que se ha empezado a hablar se habla para siempre

        de
vertebrado a cefalópodo, por una herida que el eco jamás cierra,


conectado a esa respiración artificial.

Es imposible no hablar de
dejar de hablar

en un idioma que tiene los
huesos por afuera,

desde el lado de la jaula y
condenado a perro perpetuo,


               la
cadena

empezada desde atrás por una
línea

que es una estrella de dos
puntas, como un anzuelo,

siempre lleno por lo hueco,

donde no cabe decir que falte
algo

y siempre falta

una palabra

que se busca en lo buscado y
se encuentra otra cosa,

que
dejando de estar perdida,

no se reconoce

encontrada.

 

 

(
habla el
audífono)

Se regresa aquí a recoger lo que la memoria dejó allí

como la ropa que un nadador deja en la orilla.

Se regresa

a buscar empezando desde el
nadie, desde el cero,

a
buscar desde el nunca para no encontrar nada

que
es lo que se quería encontrar,

nada

ha desaparecido porque no ha
existido

como desaparece toda historia
contada desde atrás

por el cansancio
del fin

que
nunca empieza.

 

Aunque después de veinte años

te encuentres en el Sur,

en la misma ciudad,

en la casa de tu madre,

y duermas en la cama de tu infancia,

no pienses que estás aquí

y que aquí has vuelto,

no sueñes.

No despejes las x,

no enciendas la luz,

no juegues esa carta

con la que perderás para
siempre

la amnesia que era el país que más
amabas.

 

 

( habla el taxónomo)

El viajero ha llegado a esta
ciudad

 caminando sobre un
borde que tiene un solo lado

en
puntas de pie y prosigue

en
punta de dedos, de manos,

sobre
la cabeza y sobre la cabeza de los clavos,

y
por un hilo tenso

entre
dos cuerpos, entre los dos filos de una tijera,

haciendo
equilibrio en un trapecio

sobre
un suelo,

sobre
un cielo,

entre
dos perros,

 sobre dos vasos

sobre
el detrás blanco de su fotografía

 de pie                                                                                    en
dos zapatos,

en
un mundo hecho para que el propio peso le duela

la
mano pierde pie y

el viajero, cae  

 por
su propio sueño.

por
su propio sueño,

se levanta y anda.

(habla
el
gramófono)

De acuerdo a la probabilidad nula pero cierta de que caiga de
canto la moneda,

fue construida esta ciudad

que
tiene el poder de permanecer igual sin semejanza.

 

(habla el audífono)

 

Como una puerta abierta a
cuatro lados,

se hizo primero el lugar, adentro, antes que el muro


y después del muro nunca el techo

que
no termina de caer

Bajo esta amenaza, estando ya aquí, fuimos traídos,

como el cazador que mete la cabeza en la boca del león

sin
buscar nada

Contra la pared donde está escrito

volveremos

nos sacarán esa fotografía

en la que aún no hemos
nacido.

 

(habla el taxónomo)

No tenemos casa.

Hablar es nuestro extenso país,

donde volvemos para perder la memoria.

En este espejo que miran las estrellas.

nos bañamos

dos veces

en la misma agua única.

(
habla el
gramófono)

 

Con la palabra que decimos afuera,

por ese nombre de lo ajeno,

somos llamados,

sin
tener adonde ir por el sonido

ni
lugar al que volver en el silencio.

 

Somos un agujero que
presenta la forma de un hombre

con la cabeza entre
las manos

y que, sin tener
piernas, se arrodilla.

adentro y en lo
oscuro,

mientras
afuera
caen piedras      verdaderas,

        aún
sin el cielo
 
caen piedras,

            aún
sin el suelo
           
caen piedras,


y aún sin las piedras


         caen
piedras.

 

 

 

 

 

 

Eduardo del Estal

 

 

 

 

 

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