No sé qué acerca de una reina.

Gianni Cignetti.

la yema de mi anular tocó sus encías,
fue una gran batalla

se desperdigó como un mosaico,
partió desde un grano, desde un diente,
me arañó en la oscuridad

 

 

 

 

 

 

perfiles de cabezas grises con
cintas de flores saliéndose y estampas de zapallos
como lenguas de ácido
como lenguas mezclándose con la viscosidad de las lámparas

en vertical aquello como si los viera
en vertical, ayer, caminan sobre escudos heráldicos
procesiones de caballeros,
no recuerdo cómo eran, pero son,
ayer eran,
ayer los vi, en serio

hay un fondo en la oscuridad
donde la verdad no es el deseo,
ahí las formas pasan,
se deshormigan a concreto

entonces hay una escalera, suponiendo
que sea fácil hacerla pasar en tajadas
por la noche,
la cal es flexible, sin fin, hombros, caderas,
y rayos de pelo largo
con carteles fluorescentes de antiguas publicidades

todo esto no es un sitio de paseo,
no es como tu corazón o el mío
cuando pienso en chocar tu frente con la mía,
cuando pienso en luchar con vos
como amigos de primaria

ahí respiran todas las cosas,
vienen a nosotros como un río, no?
eso lo sabés muy bien,
todo eso sabés, por eso
tus ojos tienen más fondo,
son como ondas antes del agua,
son como la idea del agua,
el sueño del que viene la materia

juguemos a que alguien nos pensaba,
alguien nos cuidaba

este invierno nos hace fuertes
porque avanzamos por él con valor,
te quiero mucho para siempre yo
y ya no me importa nada

 

 

 

 

 

 

(heraldos, con un papel largo, leyendo a pedido de la reina)
estos son los presentes enviados
a Antioquía, ciudad donde serena
reina el horror vestido de hermosura

(reina)
no maravilla tanto desacato
por parte de criados, el servicio
siendo vicioso aquí, en nada caro y menos razonable.
…de todos modos, perdono hoy sus vidas
que me entristecen, sintiéndome pesada,
con esfuerzo les pido, continúen
u ordenaré unos juegos con sus lenguas
y quien más grite vivirá más tiempo

(heraldos, arrastran a dos hombres y a una mujer encadenados)
son prisioneros de guerra, soberana

(reina)
veo unos bárbaros y veo juventud
mal dispensada… en qué pueden servirme. (medita)
bueno, bueno, permítanles hablar.

( primer hombre encadenado)
si su corona es digna de su gracia
estime en menos precio su corona
y haga por mí piedad, soy extranjero,
mi tierra es el desierto donde el ardor conserva
como un cuero los cuerpos, vasijas del espíritu

(reina)
cuál es tu relación con estos otros?

(primer encadenado)
recién los conocí, señora
y no somos afines, excepto en la desgracia de esta hora

(reina)
entonces, buen principio
es que los beses, aún cuando no quieran
esta es mi orden, y muero por mirarlos
retorcerse de incomodidad

(encadenada)
no, mi señora, por favor, no obligue
la regla dulce, el mágico deseo
cuya medida, hermana de la vida
hace feliz a todos: en los campos y en ciudades y entre sueños,
por favor, señora, piense un poco
qué sentiría usted si….

(reina)
qué sentiría yo? sabes qué dices?
no sentiría nada, no hay manera
en que yo me halle de rodillas ante nadie,
de modo tal, diviértanme o perezcan,
mejor aún, diviértanme y olviden
que hay compasión o suerte en tierra mía.
comiencen a besarse, sean ligeros y ardientes,
enciendan ya mi corazón como si todo olvidaran
y actuaran el derroche en su primera vez
junto a errores, turbaciones, pudores incluidos
(esto supongo no será difícil
teniendo en cuenta su danzante situación)

(los heraldos los acercan entre sí, los prisioneros se resisten. habla el segundo)

quiere mezclarnos como grava o argamasa
sobre un cuenco, batida, yo lo entiendo:
hay placeres sin fin en displicencias
al deber o a la costumbre aunque
si quiere deleitarse más
debería conocer qué nos da miedo
y qué ocultamos: por ejemplo, si las llamas
asustan a esa chica, mejor darle
además de caricias un ungüento
sobre las piernas, algún líquido que prenda
rápidamente el fuego, y que se agite
por la violencia y por morir quemada

(reina, alegre)
(para sí o para todos) lleva razón… serás mi favorito,
haré más pobre tu dolor, comienza
por contarme qué te disgusta más
de estos dos a quien tendrás que amar

(segundo)
el sólo hecho de no saber sus nombres
ni conocerlos, ni hablarles, me repugna,
vengo de una ciudad subida en celos
donde es costumbre pública enlazarse,
todo es fiesta y comparsa en su motivo
aunque no para mí, siempre evitaba
esos asuntos, apenas tolerando
que me hablaran de eso mis amigos,
y yo asentía, ocultando con vergüenza
que descubrieran que no me interesaba
ninguna clase de ningún amor

(reina)
salvado por ahora ( a la muchacha) qué te repugna

(prisionera)
esta situación horrenda, y que él diera la idea
poniéndose del lado de tu fuerza

(reina)
quiere decir que odias la injusticia?
pero amas el deseo, defendías
hace un rato su virtud… y la elogiabas
en su naturaleza, de este modo
tendrás compensación: habrá injusticia
pero al menos también naturaleza,
nada se escapa a ella, no preocupes
tus últimos minutos en llorar

(encadenado uno)
como sé que no veré más cielos,
ruego a la ceguera sea pronta,
ruego al olvido, ruego completamente
por la salud de mi pérdida

(prisionera)
para qué tantos rezos, no tienes a los dioses
dando su juicio, sino a una enorme enferma
cuyo disfrute es nuestra oposición,
de este modo no poco tú le places
sino además contribuyes a su mecha
que prendida dará más fantasía
a nuestros gritos inimaginable

(encadenado uno)
por eso mismo, necesito estar seguro
de que mi falta de razón mitigará
el agüero que sufro cada instante

(prisionera)
tu caso es menos brusco, cuando al tiempo decías
el modo del castigo, supongo lo guardabas
y no fue de repente, entonces precavido
de gran sorpresa, sonreirás

(reina, con voz conmovida)
no te pienses, querida, que perdono su intento,
también sufrirá mucho, nadie sufrirá menos
o más que los demás,
todos aquí son hijos de un azar indolente
que reivindica el sentido de mi fuerza
sobre la faz del mundo insoportable,
agradezcan entonces ser parte del destino
de aquella que gobierna la Antioquía,
pues supone un honor más grande que nacer

(prisionera)
si fueras poderosa no sería tu empeño
la tortura y el crimen, tus caprichos
indican un vacío que me alegra,
voy a morir sincera, completa
y jamás parecida a quien me quiebra

(reina)
no darías un poco de tu alma
por una calma mayor, por desenlaces
menos cruentos? tal vez, si se te ocurre
un modo de destruirlos más
tu agonía perdone y solicite
un muy suave descanso

(la prisionera guarda silencio. habla el segundo)

por qué no se une, señora a diversiones
más exóticas que la contemplación,
usted quiere dañarnos, quiere hacernos besarnos
y supone que todo eso es admirable
desde el pudor que prueba su distancia.
en el fondo, usted misma, para saber saciada
el ansia que la abisma, necesita probarla,
una cosa es mirar, no es oficio de reyes,
en el peligro mida su verdad

(reina)
admito que me agrada tu vuelta de palabra
y casi me seduce… pero paso esta noche,
quizá, si fuera el vino más patente en mi sangre
permitiría en mí la suerte que les toca,
entonces, humillada, o en sus manos herida
viviría una historia digna de ser contada.
mas hoy me hallo demasiado lúcida
para permitir tal perdición.
miren, esto que hago en cierto modo me divierte
aunque sí, le falta algo, como sentir los labios
besando un velo, y detrás el calor vivo…

(segundo prisionero)
nos incita a darle más ideas

(primer prisionero)
y hasta un momento la ayudaste

(prisionera)
escuche, mi señora de Antioquía,
entiendo que el placer no es lo que busca
sino la mezcla, la confusión terrible
entre el pico que se cierne hacia una altura
que más abunda cuanto más desgarra
su concepción de escalas y medidas.
quiere lo pleno? permítanos la vida
y enseñaremos cosas que no sienten
ningún soldado en campo de cadáveres.
usted requiere el juego, y el disgusto
del juego, esa serpiente hermosa
rápidamente ida, venga, háblenos,
si se sorprende, si oye
algo distinto la buscará, querrá indagar
más allá de mis gestos, de mi pelo,
y no sólo con lujuria, sino en vaga
necesidad, no soy afín ahora
a su lamento? no conoce mi pecho
la raíz del atormentado corazón?
si me mata, no averiguará
cómo podría con usted en la noche
compartir cosas que pronto dieran miedo,
pena o ardor, hasta encender su risa
y luego, sin quererlo, hasta pensar…
pensar en mí
cada momento, y yo como tirana
de su destino ya nada comprensible
pero que pleno la absorba de cuidado
mientras vivencia absorta eternidad.

(reina)
tu muerte ha de ser la peor, porque copiaste
el discurso del otro prisionero, esos amores que esgrimes
son heridas sin cauce, y ya contesté al otro, no te afanes,
cómo podría confiar en la gente además
cuya suerte dañé al humillarlos? pronto vendrías a cobrar venganza
mientras duerma, o confiese mis dolores.

(prisionera)
justamente, gran confianza me tendrías
y una locura casi valerosa
requeriría esa labor tan grande
que no podría olvidar aún con rencor
el favor que me hiciste al perdonarme
y si cambiaras, si de verdad lo hicieras
intentaría abrazarte, como amiga
porque realmente serías quien me escucha
desde el infierno, salvándome, desde el púlpito más alto librándote
de ese rigor de juez que te somete.

(hombre segundo)
sí, sí, qué bellas emociones,
qué conmovida y elocuente
a la hora en que el triunfo está en su mano.

(hombre primero)
yo tampoco le creo, pero nada
ganábamos con que la hicieras dudar más

(reina)
agradezco que quieran divertirme
para extender un poco su existencia,
pero ahora ruego sinceridad
y no hay sinceridad sin alma libre
ni nada más libre como la fantasía,
entonces, mi petición se cambia:
cuente cada uno
con qué método se vengaría de mí
si gozara del trueque
de nuestras potestades, yo amarrada.

(prisionero primero)
comenzaría yo por demostrarle
la inútil satisfacción de su deseo:
me vería torturándola sin poder con ello
cobrar venganza por mi antiguo miedo,
esa frustración, luego, bestialmente
nacida, al decaer en tristeza comprobaría
la razón de la piedad más necesaria.

(prisionero segundo)
por mi parte ni creo que yo actuase con criterio,
la mandaría a matar antes de tiempo

(reina)
qué valiente, qué cierto.
(mira a la prisionera) qué puede contar la monarca de mi corazón?

(prisionera)
señora, no todo puede decirse
ni saberse

(hombre primero)
qué intento de misterio!
con repetirte
obtendrás sólo el doble de tormento

(reina)
cómo me encanta ver que éste se indigna,
no puede competir, querida, con tus intenciones

(prisionera)
monstruo cruel, él sólo siente asustado, como el resto…

(reina parodiando su tono de voz)
“claro que el miedo es la otra cara de una sensibilidad
desconocida”
me cansé, mátenla

(los guardias se acercan)

(prisionera, gritando)
esperen,
esperen,
por favor esperen

(reina)
algo que quieras decir, antes de irte?

(la prisionera no responde)

(reina)
este silencio es un índice de atrevimientos inconfesables,
hasta el final sólo desea
agradarme.
mátenla de una vez, y dejen cerca de ellos su vil sangre.

(la prisionera entre gritos es degollada)

(reina)
fin de la primera mentirosa…
pasemos, prisioneros, a otra cosa.

en mi jardín hay un lago muy puro
y que nadie nade allí yo me aseguro

el día danza sus ondas, sus reflejos
van a los míos, y sé que yo estoy lejos

como imagen que nunca en su realeza
es destronada. fría, mi cabeza

cuando se aparta de allí
vive tan cerca de mí

que no puedo soportarla y busco verla
ardiente y súbita en mi canción, cual perla

sostenida en mis manos, pequeña,
hace a mi alma la ilusión de dueña

de esas luces y figuras cuyo fondo
enseña pálido cuanto mal escondo.

(primer prisionero)
señora, yo sé rigor
la razón de tu dolor
y no obstante, en este instante
nuestro rigor es peor.
medita entonces tu culpa
más tarde. no te disculpa
ni tu pena ni tu horror.
mataste a la prisionera,
tal vez aquella que era
entre nosotros sin par,
cómo voy a disculpar
tu angustia, por más sincera
que esta fuera, no supiera
a los muertos retornar.

(reina)
nada pedí, yo cantaba
los dolores que pasaba,
no necesito consejo
de otros, tengo de espejo
mi razón y mi tristeza,
mi afán loco y mi belleza
cuyo capricho una ruina
incesante me origina
el hastío en mi cabeza.

si quisiera yo razón
de ustedes, más desdichados,
contaría entre mis hados
el andar sin su perdón,
y aquello molestaría
ciertamente a la más fría
que reina en mi corazón

pero es otro mi destino,
terso y loco lo adivino,
lejano a mi corazón

conquistas de sangre suave,
regalos desde las naves
cuyo miedo da ovación
a mis angustias más graves

y si menos celos pongo
en mantener mi reinado
más presiento que mi hado
guarda un dolor que supongo
para otros reservado

entonces, por distraerte,
ruda faz, vivo de suerte
que traigo al débil la muerte
callando lo que tenía
ya coraje o simpatía,
virtudes que no poseo
y que el más precario reo
al morir me relucía
como un invicto trofeo
que hacia mis manos traía
sin poder, aunque lo hacía
palpar aquello que veo

(se detiene)

mueran entonces, lecciones
de mi terrible dolor,
alegorías o flor
de mis turbias elecciones
(los heraldos matan a los prisioneros)

quise lo extraño y perdí
lo que era más raro en mí,
llamé, por buscar valor,
al más extremo rigor,
entonces, volviendo al fin
al origen, vi el confín
cuya promesa era aldaba
de mi fuerza, soy esclava
y el infinito es oscuro,
no justifico mi apuro
aunque mi vida le daba.

(se cierra el telón)

 

Gianni Cignetti.

 

 

 

 

 

 

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