El Movimiento de Contagio(Notas alrededor de la poesía de Adriano Wintter)

Eduardo del Estal

 

 

La escritura no es la huella de las cosas, es un trazo que solo se remite a sí mismo, es un cuerpo sin sombra que absorbe toda luz, todo significado.
En tanto leer es un ausentarse del mirar en el ver, un entrar por la vista en una superficie de significación, escribir es la operación del lenguaje sobre sí mismo para captar en lo escrito su propia inconclusión. Un decir insostenible, porque se apoya en una ausencia: el sujeto y, a la vez, un decir interminable porque habla de algo inagotable: el objeto.
 


 

El conocimiento solo es válido dentro del Mundo, pero el mundo no puede pensarse, no puede decirse como sentido. El Mundo es su propio afuera.
El Mundo no está significado como legible en el texto.
Las palabras se refieren a “ésto” llamándolo “aquello”, porque siempre son dichas desde otro lugar. Decir es un modo de generar distancia entre el sonido y la cosa, entre el sonido y el deseo, una distancia que ocupa el espesor de un discurso de dominio, de Poder.

Y el discurso del lenguaje jamás ha cesado de hablar de sí mismo, de hablar aún de su imposibilidad, pero nunca se ha escuchado. Nunca ha considerado su límite, su borde, como un tímpano.
Sin embargo, existe una dimensión pre-verbal del Mundo, un ruido de fondo anónimo.
Antes que las palabras estaban los enunciados sin código del deseo. Antes que las sílabas estaba el murmullo indefinido de todo lo que se diría.
Antes de que hubiera lengua se hablaba en un lenguaje futuro.
El Lenguaje Original no reside en el pasado, su origen es una posibilidad siempre presente que está dentro de la lengua misma.
Si hay un comienzo del pensar, acontece cuando se oye lo que una voz, alterando las condiciones de la respiración, ha preguntado.
Todo el pensamiento proviene de acatar lo que se ha oído en esa pregunta que no fue pensada sino que fue dada por el lenguaje como una cosa entre todas las cosas.
Si hay un principio del lenguaje no reside en el acto de hablar sino en el acto de oír.
Porque es necesario haber escuchado, haber oído, antes de hablar.
Haber escuchado en los sonidos la posibilidad de su propio decirse.
Y ese oír Original habla en lo Poético.
La Poesía es un decir que escucha.

En la Palabra poética intersectan dos infinitos:
-Una realidad anterior al lenguaje que no puede ser dicha a través del lenguaje.
-Una realidad interior al lenguaje que es inaccesible a la palabra.

Ver no es leer, la lectura depende de una memoria obligada a retener su pasado.
Pero la memoria poética no puede ser desplazada al pasado de su escritura; su presente perpetuo exige otro modo de escribir, es decir, otro modo de leer.

“Poesía es todo texto en cuya escritura no está inscripta su lectura”.
Respecto de la lectura que lee al tiempo como discurso, la poesía carece de movimiento discursivo.
Su ilegilibilidad reside en una condición catatónica: la continua presencia de un presente que no pasa, que no retiene ningún pasado ni se dirige a ningún porvenir.

El Poema no depende del movimiento de una cadena de significantes, sino de la detección de las variaciones infinitesimales de una propiedad local.
El poema no es texto. Es Textura.
Del mismo modo que la Textura es una Forma no determinada por la relación “figura-fondo”, en la textura poética no se localizan enunciados, ni verdad, ni falsedad; sólo se registra una magnitud de intensidad. En la textura no hay enunciados, ni verdad, ni falsedad; sólo una magnitud de intensidad.
La Textura es propiedad de una superficie continua, donde todo corte, toda profundidad, es producida por los pliegues de un único plano.
Sin otra singularidad que sus propios plegamientos la superficie permanece siempre continua y abierta sin dejar nunca de ser interior.
El poema no se lee, se propaga.
Y su movimiento de propagación es la dispersión de una cualidad, de una propiedad fugitiva cuya existencia está implícita en todos los elementos pero no puede ser verificada en ninguno.
Un proceso de contagio puro, independiente de la institución significante del virus.
Un movimiento sin transitividad (si A implica a B, B implica a C y C implica a D, no significa que A implique a D).
En la propagación no hay toma de poder por un significado, sólo el desplazamiento anónimo de los gerundios, según las distancias que excluyen la reciprocidad (lo que separa un punto A de un punto B, no es la misma distancia que separa a B de A).
Un movimiento infinito donde habla aquello que no puede ser significado en un término porque carece de término.
Un decir que no enuncia sino que alberga; un hablar que no es el tiempo de un decir sino el lugar de un aparecer.
Tierra de nadie, la escritura poética teje una trama, un nudo corredizo que no ata a nada sino al hilo.
Poema es ese lugar en el que al entrar se entra siempre en su afuera.

Permeable al afuera del Mundo, el Poema libera a las cosas de su determinación legible.
Escrito como tachadura de lo escrito, este acontecimiento catastrófico de la escritura deja de ser objeto de una lectura imantada por el signo para convertirse en una mirada atenta a su fondo de ilegibilidad.
Texto imposible que es el silencio de otro que habla, lo poético nunca significa porque su contexto es insaturable; no tiene lógica, tiene un deseo y sólo puede ser leído por el movimiento de un deseo, de un deseo de idioma que no sea el idioma del Saber.

En tanto el discurso del lenguaje del Saber, escrito en la clausura de sí mismo, implica una compleja determinación ontológica que consiste en “leer lo continente como ausente”, no puede representar la diferencia sin que advenga a la representación lo semejante.
Por lo contrario, el lenguaje poético acontece en la apertura del Espacio porque la distancia es lo único que está dado como previo al texto.
Y el Espacio nunca está vacío. La ausencia de figura, de inscripción, determina el umbral de la escritura. El Espacio en blanco de la página es un signo definido por la ausencia de signo.
La escritura poética refiere el modo por el cual se trazan las coordenadas de ese espacio no inscripto que engendra a la propia escritura.
En términos geométricos, una palabra es una sucesión de signos, de letras propias incluidas en una letra impropia que es el espacio.
Las palabras se suceden, pero su articulación depende de cesuras que son modos de espacio que generan relaciones de tiempo.
(Signos de espacio que articulan lo vacío por lo vacío y afirman el ser negándolo).
Mediante la puntuación, el diferir de la diferencia entre lo que es y lo que no es, se expresa en la escritura bajo la exigencia de no estar inscripto.

Los cortes del verso carecen de valor representativo, no figuran nada, sino que animan lo vacío sin declararlo, retienen el vacío de la diferencia, lo no figurable, articulan lo vacío por lo vacío y esta ausencia deviene cesura donde lo vacío se lee como ritmo.
La distribución discrónica de los acentos tónicos permite que la estructura puramente inteligible del lenguaje pueda hablar sin contradecirse de la diversidad múltiple del mundo.
La compleja polirritmia de la acentuación tónica opera como una sub-estructura significativa flotante que articula verticalmente, según su grado de intensidad, el devenir del Sentido.
En tanto la estructura sintáctica determina el régimen lógico de la necesidad, la sub estructura de acentuación fluctúa según el eje vertical de lo posible.
Una pertenece al logos, la otra al melos.
En la primera la significación se atiene a lo visual, en la segunda a lo auditivo.
Su relación es la que existe entre la regla y la variación, entre el esquema y la modulación.
Por el melos la poesía recupera su naturaleza original de “canto”.
El Poema se orienta por un pensamiento musical que conduce a que la frase:
“(una faz me iza)”
opere como una conclusión lógica.

El Poema es un movimiento sin locomoción.
Dice porque es su propio Otro, su propio silencio.
La Poesía nombra lo posible para responder a lo imposible.

Expandida en la dimensión poética del Espacio, la escritura de X plantea una ecuación no-lineal de la mecánica de los fluidos que restituye la identidad de una naturaleza original: la experiencia poética es una experiencia cognitiva.
El Poema permite pensar lo otro en lo mismo, es un acto de conocimiento que mantiene la presencia de lo desconocido.
La escritura poética no inscribe el cuerpo de un texto, es un movimiento que pasando por todos los puntos del espacio engendra una superficie de deslizamiento
El plano del poema posee una tensión de membrana, donde la palabra percute.
Y al percutir, la superficie dice lo profundo.

 

 

 

 

por Eduardo del Estaljunio 2012

 

 

 

 

 

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