La lucha de la sica por su supervivencia

 

 

I. EL MENSAJE.

 

        

         Del Paraíso de poder enterarse…

 

 

         Se podría decir esquemáticamente que el conocimiento de culturas lejanas siempre tendió a ser una consecuencia indirecta de los desplazamientos para comerciar y de los movimientos de expansión (conquistar, colonizar, poblar, trata de esclavos).

         Con la llamada Revolución Industrial se modernizan los mecanismos de explotación de la riqueza pero también los de explotación del Hombre por el Hombre. Se cierra el ciclo del movimiento migratorio involuntario por la trata de esclavos y se inaugura el provocado por la desmesura de las máquinas productoras industriales de miseria, persecuciones y guerras.

         Más que nunca se extrema la estrecha convivencia de culturas lejanas entre sí, unidas sólo por su pobreza y en el seno de una cultura también lejana que los acoge.

         Incluso aún aferrados afectivamente a su lejana madre tierra, algunos integrantes de esas diferentes culturas descubren que sus costumbres, deseos, tradiciones, tienen una imagen en parte especular y en parte complementaria en el Otro. Dicho de otra manera, reconocen, en el movimiento del encuentro, una mayor consciencia hacia valores humanos trascendentes.

         Esos valores son los que propician la conexión del Hombre con lo Real, la Verdad, a través de su Alma o Espíritu. Mi movimiento afectivo hacia el Otro me sorprende siendo hacia su Alma y mi movimiento hacia su Alma me presenta mi Alma. Ésta aparece sólo así, no a través del conocimiento racional, sino a través de la transformación en movimiento (un “Ir”) de su energía potencial.

         Siendo el Arte el portavoz del Alma, es a través de él y su desgaste que la cansada y castigada Europa, tal como pasaría más tarde con EEUU, “visualizaría” sus limitaciones y sus contradicciones. Compelida a la búsqueda de nuevas respuestas, descubriría que, además del oro y la fuerza de trabajo, otras culturas le ofrecían un tesoro mayor: la renovación no sólo de materiales, sino también de procedimientos y valores en el Arte. La apertura a otras culturas llega como una medicina contra la empobrecedora autosuficiencia.

         Es así que el siglo XX se caracterizó por movimientos del mundo rico para acceder al rico Arte del mundo pobre, movimientos del rico mundo pobre para acceder al status del mundo rico, y movimientos horizontales en el rico mundo pobre siempre oscilando entre temer al Otro y reconocerse en él. Un mestizaje lleno de matices, muchas veces a pesar de los mestizos.

         Paulatinamente los acercamientos se generan en todos los sentidos. Con un afán de renovación de materiales desgastados para unos, de elevar el status para otros, de potenciar la belleza de un mundo que descubren uno en su maravillosa diversidad, para unos pocos, se va creando el Arte del siglo-de-los-múltiples-encuentros.

         A través de los materiales* podíamos (los consumidores, hacedores de música o los musicólogos) reconocer signos de arraigo o pertenencia a una cultura y categorizar las músicas que oíamos, in situ o en vinilo.

         Esos signos de arraigo constituyeron en el Arte, y en la música en particular, símbolos de la inaccesible pureza originaria, la honestidad del hombre próximo a sus raíces y a valores esenciales, la Verdad perdida.

         Ese era el Paraíso que representaba el descubrimiento de las músicas de todo el mundo en el que vivíamos hasta hace unos cuarenta años, y había tenido un antes y un después: la aparición de los primitivos sistemas de grabación y, más caprichosamente, el año 1900.

         En 1900 Debussy, un claro representante de la búsqueda de renovación en la música europea, descubre que no tiene que ser un semi-aventurero para enterarse de qué música se hace en Bali: le basta con ir a visitar la Exposición Universal de Paris. La vieja Europa festejaba la entrada del mundo en un nuevo siglo, llevando el mundo a casa.

 

 

         John Coltrane, 60 años más tarde, quizás sólo tuvo que desplazarse en su ciudad o comprar un disco de vinilo para saber qué se hacía en la India.

         Hasta allí se podría hablar del esplendoroso mundo de la apertura de Occidente hacia lo lejano en el tiempo y el espacio. Esa apertura pronto llegaría a su cima con el vehículo masivo que podríamos resumir en la palabra “Beat” y representar con la carátula del disco “Sargent Pepper”; en ella se percibe la culminación de una apertura a todo y a todos que la grabación confirma, pero también sugiere la mezcla caótica, la perversión de esa misma apertura.

 

 

…al Infierno de no poder no-enterarse.

 

         Cien años más tarde, ya expulsados del Paraíso, en este Infierno hiper -inter-conectado, en el que triunfó la comunicación y ya no sabemos qué comunicar, tenemos que ser aventureros e irnos mucho más allá de Bali o la India para poder NO-enterarnos de qué se hace en todas partes.

 

         * En este caso, incluyo en el término “materiales” no sólo los objetos-la materia prima-sino también todos los procedimientos y elaboraciones desde éstos. En el caso de la música: elección de sonidos y ordenaciones en el tiempo (las notas), procedimientos de combinación, estructuras generadas y formas de los hechos musicales, comportamientos o interacciones entre músicos, instrumentos, instrumentación y maneras de usar el instrumento…

 

         Casi todos somos como un turista inconscientemente angustiado, percibiendo que la mayor parte de las cosas que va a fotografiar, en el fondo, ya no están. Está todo y no hay nada. El Hombre intuía un reconocer su Alma en el Otro tan lejano y tan próximo, y en menos de 100 años ese puente se derrumbó. ¿Porqué? ¿Por exceso de tráfico?

 

 

¿Porqué el Paraíso-del-reconocerse se saturó de información? ¿Porqué se produjo la ocultación del objeto a través de la saturación en el sujeto?

         El Hombre concibió a Dios a su imagen y semejanza. Y Dios castigó su soberbia privándolo del Ser. Así, el Hombre “humanifica” su visión del mundo, de los objetos, de sus propias creaciones. La soledad, disfrazada de soberbia, culmina con la transferencia del poder de Dios y sus portavoces – el Papa y el caudillo – al dinero y al poder de quien lo posee. Ocupados permanentemente en destruir a algún “enemigo” evitamos quedar a solas con lo autodestructivo en ese Hombre que concibe al Bien y se siente privado de él.

         El Dios cansado y vengativo de Occidente castiga esta vez al panteísmo en lugar de la adoración de nuevos ídolos y, para colmos, premia con el lenguaje común del dinero a los constructores de la Torre de Babel.

         La incertidumbre por nuestro destino nos lleva a sentir la sutil fuerza que empuja a la unidad del Ser, a la posible completitud del Hombre, entretejida con el lento apocalipsis. Este estado evolutivo nos impele a resolver el enigma del Bien y el Mal siempre en estrecha dialéctica. La incertidumbre por nuestro destino nos lleva a sentir la sutil fuerza que empuja a la unidad del Ser, a la posible completitud del Hombre entretejida con el apocalipsis.

         Como decía antes, esa terquedad del Bien para crecer en medio de lo invasivo del Mal se refleja en el siglo XX en los movimientos y los encuentros.

         El puente entre culturas era una consecuencia indirecta de la expansión, luego de la hiper-industrialización e hiper-explotación del Hombre por el Hombre que encuentra fórmulas cada vez más perfectas de obtener energía. Alimenta así al monstruo que crece y necesita más, y necesita más porque crece, y crece porque se alimenta. En esa empresa “cerrada” y ajena a la medida del Hombre, queda enterrado lo más esencial de la Verdad. Con la misma avidez, esa sociedad descubre que el Arte es un Dios que vale la pena: el Ser-Uno intuido se profetiza, se concibe, a través del Arte y los signos de arraigo son en éste signos de lo que proviene de culturas más respetuosas de la medida humana y así, un acceso más fluido a la Verdad. Pero en medio de ese caos ¿cómo consigo esa pureza animada? En el caso de la música ¿cómo accedo a la música con Alma en medio de este ruido que se multiplica y diversifica? Para eso, en las sociedades complejas, la solución fueron los intermediarios; empresas que plasman y distribuyen la música. Atendiendo la necesidad de elegir surge en el seno de esas empresas una figura-puente imprescindible, intermediando y, finalmente incidiendo a veces muy positivamente en el Arte mismo: el productor.

 

 

 

 

 

El Productor y…

 

         He aquí el mecanismo perverso que se genera al interaccionar el Arte, la sociedad y los intermediarios bajo el reinado del Dios-dinero, y como opera el productor. Deberíamos reservar ese nombre al que a continuación llamo “productor” e inventar otro para aquel que facilita los caminos del Arte y de la Vida.

         En el principio fue la necesidad. Y la necesidad creó el objeto de consumo. El consumo creó la oferta. La oferta creó el producto. El producto creó al productor. Éste, para garantizar su supervivencia, creó el producto, la oferta, el consumo, el objeto de consumo y la necesidad misma. Es decir, otro monstruo que existe porque se alimenta y se alimenta porque existe.

         Para que en esta rueda el eslabón “Hombre” (el sujeto que consume) no moleste, se desarrolla toda una industria destinada a manipularlo.

         En este Infierno atiborrado de productos, el sujeto ya no sabe si es ese que busca un objeto desde la necesidad, o si es la necesidad misma en busca de objeto.

         Estamos apresados en un organismo sado-masoquista, ambicioso, temeroso y agresivo. No importa si tenemos un papel más activo o más pasivo, lo importante es penalizar a la disidencia con la marginación o la represión. A eso le llamo El Sistema.

         El Sistema, organismo-persona, descubre que, a medida la insatisfacción del Hombre aumenta, el Alma cotiza al alza. Pero ¿cómo pueden hacer del Alma un producto? No pueden…pero pueden comercializar lo que posee Alma y, como observaron la apariencia de los objetos que la poseen, pueden crear un producto casi idéntico, muy difícil de diferenciar. Un Alma virtual.

         La angustia premonitoria del apocalipsis es una deformación de la angustia frente al apocalipsis cotidiano que tiene que ver con esa Alma virtual, que cuanto más se asemeja a la real más vacío conlleva.

         El productor de objetos artísticos busca ofrecer o bien el producto más puro, si lo tiene bien a mano, o bien un objeto al que le otorga la cualificación de puro, o bien una hibridación que insinúe la potenciación de la pureza. Mercantiliza el acercamiento al Otro. Inventa un mundo de arraigos y rasgos puros e inventa un mundo de encuentros de culturas. Su aliado es a veces el propio músico que le da modelos de una música que huye del vacío por el camino de la repetición de lo que un día fue o que desconoce todo aquello que no sea su bienestar inmediato.

         Quizás una de las enseñanzas más claras del siglo XX es mostrar la complejidad de los roles en el hacer del mundo que sea lo que es. Todos estos “malos de la película” dejan de ser señores concretos, aunque muchas veces lo sean circunstancialmente, para ser fuerzas que emanan de la contradicción.

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         La carátula de “Sargent Pepper” se desbordó, explotó de tan atiborrada, su contenido entreverado se esparció y ya no reconocemos a nadie. La “cambalachización” moral de Discépolo evolucionó y ya no sólo conviven los objetos todos mezclados, se han mimetizado, unos adoptaron la apariencia de otros. Algunos que vemos ni siquiera están.

Es el triunfo de la apariencia.

 

 

…el desafío de “desproductizar” el arte.

 

 

         La maravillosa labor del artista actual es “desproductizar” el arte. Ponerse de espaldas al arte como objeto-producto y restituirle cierto valor de relación y de intercambio dinámico. Para eso debe reconocerse inmerso en un círculo en el que ya no importan los protagonistas. Como el gag en el que, en la persecución, el perseguido termina corriendo detrás del perseguidor e incluso termina por apartarse y contemplarlo corriendo en círculo. Es decir, lo que importa es “salirse” del círculo, del Sistema.

         Para hacerlo lo primero es reconocerse esclavo de una mente que concibe, que “funciona sola”, e ir a contramano de algunas de sus concepciones.

         La mente humana tiene cada vez más capacidad de concebir C en presencia de A y B. Reconocer que no por concebir un elemento que se presenta como “evolutivo” tengo que ser su servidor.

         Si el Arte tiene un carácter profético, entonces el artista debería anunciarle al científico que no es evolutivo sacrificar lo humano: “Concibo un paso más en la dialéctica de la evolución tecnológica, en la supuesta evolución del Hombre, pero tengo la autonomía de analizar si ese paso tiene Alma o destruye el Alma” . Los caminos de la música para sobrevivir nos señalan lo que sería parar-el-mundo: involucionar en un aspecto para evolucionar en otro.

         La máquina de auto destrucción está en manos de personas. El Arte propone trascender la identificación del Hombre con el Hombre-repitiéndose, y le da la chance de identificarse con fuerzas más constructivas y trascendentes.

         La manoseada frase de los indígenas americanos -“los caminos con corazón”- es más que una bella frase. Debería estudiarse a fondo en los colegios hasta que el Hombre pueda aplicarla en la valoración de las concepciones de su mente. ¿Hay Alma (“corazón”) en ellos?.

         Si miramos la música desde un ángulo “Beat” vemos a los futuros constructores de la sociedad, en el seno de las culturas más industrializadas, rebelándose contra el sacrificio del Hombre en pro de su -supuesta- propia evolución, recuperando el transe que reúne lo separado, fundando la huida masiva hacia una relación directa con la tierra y sus frutos, en resumen, rebelándose contra el mismo Cambalache evolucionado que los empezó a engullir apenas nacidos y los terminó de engullir diez años más tarde (según las malas lenguas introduciendo las drogas duras en el paquete de las iluminadoras).

         Si corremos un poco nuestro ángulo de mira, nos encontramos más o menos simultáneamente con el Free Jazz.

         La aparición del Free Jazz fue justificada según la ideología de quién lo teorizara: algunos lo consideraron un derivado del encuentro entre el Jazz y la Música Contemporánea, otros vieron la explosión y el grito de libertad del esclavo negro, otros se centraron en ver un vehículo hacia el transe y la experiencia mística. Todas estas interpretaciones son válidas y se entrelazan, pero puede haber algo para agregar en ese fenómeno del Free Jazz, y es, contemporáneamente al Beat, su afán de desandar la evolución, el empecinamiento en no-enterarse cómo hay que tocar. No se trata de retroceder. Desandar como opción de evolución, de ir hacia adelante. Por supuesto, con una intuición de libertad trascendente.

         Tal como dijo enigmáticamente Sócrates, el Alma tiene el poder de adivinar. Una vez más la música, mensajera del Alma, sugiere introducir dudas en lo firmemente establecido y se adelanta a lo que tendría que ser el pensamiento constructor de una sociedad futura: propone la libertad de desandar caminos, no retrocediendo, simplemente “parar el mundo”.

         El artista no es “bueno” ni está en un mundo de “buenos” y “malos”, pero sí tiene la obligación de conectar con el Alma.

         Esa labor es la toma de consciencia de que, más que nunca, en el nuevo mundo de las apariencias, de mercantilización del Alma, debe investigar y encontrar algo más allá de los materiales: el mensaje.

 

 

El Tesoro es el Mensaje.

 

 

         La palabra “mensaje” en conjunción con lo musical se utilizó mucho para designar un “detrás” de contenido ético, casi siempre en una canción y más precisamente en su letra. La idea de mensaje que quiero introducir sólo tiene en común con esa acepción su cualidad de sintético.

         El mensaje es mensajero de la Verdad a través de diferentes vehículos que burlan el mundo de las apariencias.

         Ejemplos del mensaje al que me refiero son la sonrisa o el llanto, o todos aquellos gestos que burlan el control de nuestra consciencia. No es casual que podamos sonreír o llorar frente al Arte. En definitiva esas son las dos máscaras representantes del teatro griego.

         El mensaje de un artista es su tesoro y su tesoro no es más que la realización (hacer real) propia del tesoro recibido de otros.

         Cada individuo está conformado de lo que crean otros individuos. Su tesoro personal se nutre de todos los tesoros hacia los que su sensibilidad se abrió. Tiene tanto de colectivo que invita a ser visto casi como independiente del artista y, sin embargo, es yendo a los tesoros de los demás que encuentra el suyo.

 

 

 

El artista está así ante un diálogo entre individualidad y comunidad.

         Él se preparó. Accede a lo Real, expresa lo Real, sin embargo, no es dueño de lo Real, por eso puede tener mayor o menor conciencia de su mensaje, pero es incapaz de enunciarlo perfectamente, sin recurrir a vagas metáforas.

         Pongamos por ejemplo a Mozart. Él compuso variada música instrumental y vocal. Toda su música gira en torno a un eje: un mensaje trascendente y atemporal. En ese movimiento giratorio su música anuncia, sugiere el mensaje, lo ronda. No sabemos qué grado de conciencia tenía él de la coherencia y unidad de su mensaje y, sin embargo, toda su música realiza un movimiento giratorio en torno a él, a tal punto que su obra ES él. Ese mensaje es finalmente la causa de la supervivencia de su música ya que su gesto, trascendente y atemporal, tiene Alma.

         Tuve una visión de Bob Marley tocando con su grupo y levitando a unos centímetros del suelo. Estaba intrigado por su propia consciencia del mensaje de su música y la del grupo, que a mi se me representaba en esa visión y me llegaba con especial ardor y coherencia, hasta que un día, leyendo una entrevista “me” lo dijo con todas las palabras (¡que no recuerdo!): era completamente consciente de él. No podía ser casual, cada elemento de su música tenía una coherencia con su Verdad y la de sus músicos alimentada de la Verdad de otros a los que sus Almas se abrieron.

         Cuánto más conciencia tiene un artista de su mensaje, mejor lo vehiculiza. Es lo que cotidianamente expresamos como “sabe lo que quiere” y lo único que puede hacer para rastrear su propio mensaje es observarse.

 

 

Rastreando el mensaje en uno mismo.

 

 

         La música quiere llegar a una trascendencia de las diferentes formas, categorías y vestiduras. Ese trascenderlas no es negarlas ni considerarlas un simple vehículo desechable. Por el contrario, es abarcarlas y entretejerlas al mensaje.

         ¿Cómo se pueden trascender las formas para llegar a un mensaje que es en sí mismo esas formas? Esa aparente contradicción apunta a que las formas no envuelven lo trascendente sino que están construidas de lo trascendente. O, dicho de otra manera, recibiendo el mensaje vehiculizado en la forma, accedemos a él.

         Si soy músico y utilizo una forma, unos procedimientos, unos sonidos – los materiales- próximos a otros preexistentes porque me son valiosos para llegar a “un lugar” estético en el que mi mensaje se manifiesta, estoy realizando el hecho de que mi mensaje se puede vehiculizar aliado a esa forma. En otro caso mi mensaje necesitará una purificación que, con reminiscencias platónicas, apunte a la búsqueda de lo puro Real. Dictará la ordenación de los materiales en una forma nueva y SERÁ esa forma nueva.

         Una linda tarea para un músico es roer la forma a priori en sí mismo cuando está operando como camino ya civilizado y espejismo frente a una falta de mensaje. Al mismo tiempo, saber ver la belleza del equilibrio de una forma cristalizada y analizarla sólo en función de porqué existió o existe, en cada caso, y porqué dejó o no de existir.

         Toda actividad artística tiende a dirigirse a una fuente de energía madre que es, además, su origen. En el caso de la música-el arte de la vibración-se puede llegar a sentir un instrumento como un objeto del que se extrae esa energía madre. Un sonido, sonar, puede ser “el Bien”. Sin embargo la belleza artística, transmisible, comunicativa, depende de que la vivencia individual de encuentro con lo Real (el Bien) no tenga exagerado éxito ya que sería pasar a Ser-Arte en lugar de hacerlo. A diferencia de Buda que rechaza esa posibilidad por un deseo de entrega, el artista que se transforma en Arte ya no puede transmitir a través de la transformación, su mensaje. Quizás exageró la concepción de Arte como refugio, quizás su ansia de purificación no tuvo límites. Su traición es penalizada con el aislamiento, la locura, o cualquier otra variante de la muerte.

         Tal como podemos confundir la añoranza de un lugar con la de un tiempo que transcurrió en ese lugar, podemos confundir la plenitud en la percepción de un objeto con la plenitud del objeto en sí. Sea como sea, esa confusión en la que creemos purificar los medios para llegar al objeto es la que genera Arte. La premonición de ese objeto, su visión, el sueño, hace que lo puro Real –manifestándose a través del Arte- se nos niegue pero que nos acepte como mensajeros. Las realizaciones artísticas nos permiten visualizarnos a través de su mensaje mientras que el Arte busca mantenerse en el misterio. El artista siempre Es en tanto sabe que no sabe quién Es hasta que se reconoce en el mensaje de Otro. Otro…incluido él.

 

 

II LA MÚSICA ES UN “IR”

 

 

El placer

 

 

¿Qué pistas tengo de que estoy frente a un mensaje de la Verdad?

El placer del reencuentro.

         El Arte ha demostrado en la historia que no hay vida en los caminos alejados del placer. Claro que nos enseña una percepción más amplia: placer corporal-sensorial, placer del movimiento, placer lúdico-intelectual, el placer de entender, el placer de la catarsis, el placer de sentirnos nutridos, el placer del compartir y de la identificación, el placer de la piedad…

         Como organismos complejos pero bastante limitados en el momento de percibir nuestra propia “multidimensionalidad”, experimentamos especial éxtasis cuando esos placeres se superponen. Ese es uno de los motivos que explican el lugar tan importante que tiene la canción dentro de la música. Cada uno, según su historia personal, es tocado de diferente manera por los mensajes superpuestos del Arte. La canción tiene un poder de comunicación muy “explícito” – por usar un término práctico – a veces el receptor resuena con ella en muchísimos niveles de placer. Por poner algún ejemplo se me ocurren los montunos (momentos en los que un coro alterna siempre una misma frase con un sonero que improvisa “comentarios” en torno a esa frase) en lo que llamamos genéricamente Salsa. En un baile animado por la Sonora Ponceña haciendo una canción titulada “Soledad” que culmina con un montuno en el que el coro dice: “La soledad es mala consejera, canta conmigo y olvida tus penas”. El solitario va a recibir una cantidad de mensajes superpuestos que le van a generar un placer corporal-sensorial, catártico, de auto-piedad, etc. Minutos después cantan “Sonora pal bailador” haciendo vibrar especialmente a un hombre que tiene una vida infeliz trabajando diez horas por día para ganar una miseria. Su única fuente de felicidad es ir a bailar salsa los fines de semana y en el éxtasis que le provoca finalmente el montuno (“La Ponceña le ha cantado a todo el mundo, ahora le toca al bailador”) confluye todo un proceso en el que se superponen todos estos placeres de los que hablo.

         Mucha gente (¡a veces el propio autor!) adora una canción percibiendo tan obsesivamente su letra que casi no percibe ni le adjudica valor al murmullo que le representa la música que la acompaña.

         O la subyuga tanto una música que no le presta (también ¡a veces el propio autor!) la más mínima atención a la letra.

         Hay quien puede ( yo, por ejemplo) incluso oír durante años una canción en cualquier idioma que no comprende sin necesitar traducirla.

         Sea como sea, si hay placer, por algún camino llegaremos a encontrar

         Verdad. En nuestra enorme diversidad podemos resonar con una música que, por donde se mire, representa la mentira. En algún plano, complejo, mediato, habrá Verdad.

         La única guía es la experiencia del placer que es encuentro y mensaje de Libertad. Libertad es que cada Ser pueda Ser lo que Es. La vivencia de esa libertad, aunque sólo sea momentáneo, es el placer: su más simple instrumento de medición. El bagaje de conocimientos y experiencias – que podríamos llamar “preparación” – favorecen a la belleza y precisión con que se intermedia, con que se transmite o se recibe el mensaje pero no afecta a las leyes, porque las leyes del territorio libre son absolutamente naturales.

 

 

 

 

 

¿Qué es la libertad en música?

 

 

¿Puede una música totalmente preconcebida transmitir un mensaje de libertad?

         Si es verdadero siempre es mensaje de libertad. Es el que abre, que exige que el receptor, que en un principio fue el mismo artista, realice un movimiento hacia él.

         Todo artista puede ir hacia la libertad a intentar allí realizar su tarea. Todo artista puede ir hacia la libertad y comprender finalmente que la libertad no se parece al desorden, como pretendieron muchos que crearon bajo el lema de Free Jazz (Jazz-libre). Sí tiene, la libertad, una condición de novedad y entonces quizás de orden que se puede presentar misterioso. No conlleva un orden dirigido a nuestra razón, sí a nuestra intuición. La libertad conlleva un aparente desorden y una aparente amoralidad que nos es difícil. Tan difícil como ver exactamente a Ese que somos. En muchas improvisaciones libres se cuelan melodías simples, muy conocidas, incluso himnos, como elección posible y “libre” de notas, como una forma (luego estandarizada en el género) de sugerir que esa libertad no es mera inconciencia sino más bien un territorio de inconsciencia y super-conciencia. Es decir una música que busca la libertad no huyendo sino abarcando y trascendiendo lo racional. Simplemente la libertad entraña expresión. La libertad es autonomía en la expresión.

         ¿Qué es entonces la libertad? Es un camino de acceso a la esencia natural de Sí-mismo y, entonces, del Otro. Es la posibilidad de un libre tránsito por el camino de la intuición de la Verdad, en amistad con la consciencia y en apertura a lo desconocido.

 

 

“Abrido…cerrado”

 

 

         La cuestión no es si nos expresamos en Do mayor o con el Raga Bhupali. La cuestión no es si a una estructura le digo sí o no, sino qué estructura nos abre y qué estructura nos cierra para el paso del mensaje. Hay estructuras que cierran a tal punto que sólo se puede llegar a la libertad dentro de ellas por movimiento de oposición, de destrucción.

¿Qué es una estructura que cierra? La que no permite la expresión real de lo Real.

         Una improvisación de un grupo de Free Jazz (concepto que inaugura la relación entre música y libertad) puede tener nula libertad y una interpretación de una sonata de Mozart puede tener infinita, si consideramos que el término “libertad” entraña expresión real de lo Real. Es la intuición la que puede darnos esa información, no la Razón.

         Expresión real de lo Real es, sin categoría ética, aparición de lo Real en manos de hombres, ya que estoy hablando de Arte. Si hablo de Arte hablo de transformación.

         La expresión real de lo Real debe estar precedida por su contemplación. Desde esa contemplación podemos ser mensajeros a través de la transformación. Sin esa transformación no hay comunicación y sin comunicación, incluida por supuesto la potencial comunicación, no hay Arte sino mera contemplación.

         Obligado a transmitir algo importante en una conferencia, Chick Corea dijo “música es comunicación”. Pero ese concepto puede ser más enriquecedor si no asociamos la idea de comunicación a un gesto volitivo a priori, como podría ser el lenguaje, sino a una globalidad expresiva confirmada a posteriori. Música es comunicación porque es expresión, no porque es lenguaje. El músico busca comunicar tal como pájaro cantando o rana croando. Es comunicación y expresión natural de quienes no se apartan de lo natural, dicho de otra manera, es expresión real de quienes no se apartan de la aventura del viaje hacia lo Real-natural.

         El viaje hacia lo Real-natural es una idea en la que el énfasis está puesto en “viaje”, no en “Real-natural”. Si logramos “despetrificar” nuestra percepción del mundo y de nosotros mismos realizamos un acto de Vida.

         Los que suenan en un baile de una sábado por la noche, Mozart o un músico chino anónimo del 3000 AC, etc. en su “Ir” comunican el mensaje trascendente e intemporal que puede abolir las coordenadas de Tiempo y Espacio. Si queremos además inundar ese “Ir” de consciencia llegamos a la idea de Super conciencia colectiva.

 

 

El inconsciente personal, el inconsciente colectivo, la consciencia, el Super consciente colectivo o Consciencia…

 

         El Hombre tiene consciencia de sí porque tiene sed de sentir la vida. La repetición animal de acciones guiadas por el instinto de supervivencia termina por culminar en un Hombre con vivencia del repetir, ésta conduce a la vivencia del transcurso. Creamos el transcurrir y le damos un sentido lineal – el tiempo- sin embargo es en espiral, en bucles….Ese espiral es la conciencia individual. Ya que fue el reconocimiento de la vida a fuerza de defenderla, se puede decir que la conciencia es indisoluble de la capacidad de sentir la vida…Satisfecha esa capacidad queda al descubierto su opuesto, eso que no ha hecho más que intentar apartar: la muerte. Más misteriosa que la sed de vida es la angustia de muerte, y ésta última es el motor que genera todos los esfuerzos de la conciencia por llegar a la Verdad. ¿Porqué? Porque la intuye trascendente. En esa búsqueda la consciencia tiene un desarrollo tan inmenso que ya no es más la conciencia individual, es la Consciencia colectiva que al encarnarse en individuos y ser transmitida, realiza a su vez un movimiento, esta vez circular. La llamo Super Consciencia porque como individuos podemos ignorarla racionalmente.

         El Inconsciente personal y el colectivo son toda esa parte infinita de lo Real que queda fuera de la consciencia porque no podemos, no sabemos, o no queremos conciliarla con nuestro proyecto humano colectivo de sentir la vida.

         El Super consciente es siempre colectivo y ancestral. Es la conexión con el Ser en una categoría ajena a la consciencia. Mientras lo inconsciente es tal porque momentáneamente no articula con el proyecto humano de sentir la Vida, el Super consciente es también inconsciente pero porque momentáneamente no articula la Vida con el encarnarse en proyecto humano.

         El artista puede acceder a lo real en super-conciencia, inconciencia o en un punto intermedio entre ambas. El artista se preparó; accede a lo Real, expresa lo Real, sin embargo, no es dueño de lo Real. El grado de conciencia puede variar en el momento de expresar lo Real, justamente, porque no se es dueño de lo Real.

         Nunca vamos a saber si la Consciencia (Super Consciencia) es la consciencia universal, es decir el fruto de la consciencia humana aunada más allá de tiempo y espacio, o más que eso. Lo que sí sabemos es que la Consciencia está viva más allá del Hombre, la música está viva más allá del Hombre. Es su carácter de viva lo que nos empuja a ver esa Consciencia como un “yo-espacio”, como una forma más de Dios, y nos cuesta concebir una Consciencia más allá del Hombre. Sólo podemos concebir La Conciencia como conciencia-de. ¿De qué? De formar parte del Ser.

 

 

…y ese señor que llamamos “Yo”.

 

 

         Ese señor que se llama “yo” es el que vive, es el protagonista del drama romántico sin final posible. Se aloja en el Hombre con su sed de sentir la vida, y busca siempre el precario equilibrio que mantenga a ese proyecto diseñando un arco entre el Ser y el No-Ser.

         Sólo a través del transe y sobre todo del Arte podemos entender la riqueza que se abre suspendiendo la visión del mundo desde un “Yo”. El hombre puede viajar a la Consciencia si lucha contra su convicción antropocéntrica a nivel masivo y contra el ego a nivel personal. Esto no tiene ningún sentido moral. Esta lucha sería un acto más por la supervivencia, como comer o abrigarse. El trabajo con la música es buscar minimizar la intervención del hombre, vivirla y devolverla a su dueño: la Consciencia.

 

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         Paradójicamente, la violenta pérdida de la medida humana y el “vacío-lleno” del siglo XX provocan un especial apego al “Yo”. Es el origen de la depresión actual del Hombre y del Arte. Sólo podemos comprender el misterio del Ser cuando todavía tenemos la frescura suficiente para asombrarnos hacia el Ser. Tener frescura es hacerle sitio, y en el presente ya no hay sitio. El empecinamiento por Ser empuja al Hombre a percibirse apresado en la ilusión y lejos de éste.

         Como decía antes, las leyes del territorio libre son naturales. Cuanto más, como hombres, aprendamos de ese territorio, más felices seremos. Por eso toda buena música es siempre alegría, porque nos acerca a leyes más poderosas que nuestra conciencia. La Verdad de la Música encierra el mensaje de unidad con la fuente energética primaria y eso es un bien para el Hombre que así intuye su propia unidad.

 

 

Mind Games

 

 

         No es el “estilo” ni la apariencia de lo que se compone se improvisa o se crea en general; la cuestión es desde dónde se lo hace. La unidad está dada por el hecho de que, lo haga desde donde lo haga, el creador (o, podríamos decir transformador) en tanto que individuo, trabaje en pos de la unidad de su ser, que será la unidad con su música.

         ¿Qué quiere decir “desde dónde se compone”? Entre otras cosas está relacionado con las capas. Desde qué capa de su Ser surge el mensaje. Cuán profunda es, cuán armonizada con las otras capas está, y luego, cuán inteligente y buen gobernante es esa ínfima capa que llamamos “Yo” y que se apropió del mérito de ser “el creador”, y hasta dónde es capaz de percibir, escuchar, no adulterar e integrar el mensaje de las otras capas.

         Queremos “recobrar” la libertad, haciendo alusión a una inmersión en lo Real que tuvimos-porque intuimos-y perdimos. Quizás por eso el siglo XX es el de la ruptura con muchas de las formas precedentes. Además del desgaste acelerado por cambios tan abruptos, hay una destructividad fruto de la vivencia persecutoria de las soluciones del pasado próximo que llevaron al mundo a ese estado tan alarmante.

         Si bien rechazo los materiales cuando dejan de ser una respuesta viva, cuando hacen a mi mensaje inexpresable, la incapacidad de pisar la tierra y caminar por ella a través de una forma preexistente es la incapacidad de sentir la renovada energía que tiene lo ya conocido, es construir a partir del rechazo.

         Ese afán de correr tras sus mind games, tras los juegos de sus mentes. de ir hacia lo nuevo ignorando todas las señalizaciones del camino, está representado por las corrientes artísticas encandiladas por la dialéctica racional y la sobrevaloración de lo que llamamos habitualmente conceptual. La ceguera no les deja ver la sospechosa facilidad con que lo Real se deja enunciar racionalmente en su arte.

         A veces llegan a matar el arte vivo con ropajes viejos y a valorar un arte muerto con ropajes nuevos.

 

 

“Eso no es Música”

 

 

         Una de las maravillosas enseñanzas de Don Juan a su discípulo Castaneda es la idea de mundos superpuestos de los que culturalmente aprendemos a descartar y escoger aquello que favorece al “proyectoHombre” y su evolución en sociedad. Es decir, somos dirigidos, alentados o desalentados, en función de la percepción de aquello del mundo que se debe promover para hacer el proyecto viable. Quizás con el tiempo se pueda hablar de una dirección hacia la percepción de “lo que es” marcada culturalmente pero que termina siendo transmitida genéticamente.

         Sea como sea, los niños seguirán siendo locos. Los locos seguirán siendo niños locos. Los adultos cuerdos seguirán siendo niños locos que aprenden a –más o menos- armonizar sus percepciones con las que promedia el conjunto. Si el niño no hace ese esfuerzo de armonizar, no funciona en el sistema de signos, de símbolos, de valores compartibles. La sociedad dirá que para él “son” cosas que “no-son”, lo llamará loco y lo apartará. No hay nadie ni nada que le de el coraje y las garantías de supervivencia al Hombre para que éste altere en forma radical su percepción del mundo. Puede hacerlo momentánea o definitivamente marginado ya sea solo o en grupo.

         El Arte viene a socorrer al Hombre sometido a leyes tan estrictas. Sus efectos siempre serán un “recobrar”. Recobrar el cuerpo, recobrar mundos desechados en los que no existe el Tiempo, recuperar la condición de amistad con sus dioses y, en resumen, recobrar los sueños. Estos últimos serían el verdadero Arte cotidiano y democrático. Sin embargo los sueños, aunque comunes a todos los seres humanos y posiblemente a muchos animales, son extremadamente individualistas. El Arte es un puente poderoso entre la Verdad y eso que llamamos “Yo” y constituye una especie de vanguardia o vía de escape en relación a los valores y su evolución. Es decir, traen material de otros mundos y lo integran más o menos armoniosamente al grupo y a la cotidianeidad.

         Si el Arte se aparta demasiado del esquema de valores que históricamente compartimos, digamos si se “des-historiza”, entonces no nos enojamos ni nos escandalizamos. Sencillamente no lo percibimos como Arte. Si nos escandalizamos o enojamos quiere decir que no estamos tan lejos de “comprenderlo”. Tenemos un respaldo histórico-cultural que nos aproxima aunque nuestra forma de aproximación termine siendo “esto no es Arte pero me lo pusieron en el espacio donde va el Arte”.

         En música el elemento más compartible es aquel que se conecta con…lo que más compartimos los seres humanos: el cuerpo en primer lugar. Valgan los mil ejemplos casi estereotipados de personas enfrentadas por primera vez a una música de un grupo humano distante geográfica o culturalmente, que los induce a bailar o moverse. Compartimos la asociación de un Yo a un cuerpo, que respira, que late, que obedece a las mismas leyes más allá de tiempo y lugar. Casi podríamos decir que podemos tener diferentes vivencias del tiempo pero compartimos una que es la del cuerpo-tiempo.

         En segundo lugar compartimos la nostalgia de la Verdad. Es imposible determinar dónde se aloja ese puente. Es un secreto de la música. Gracias a ese secreto descubrimos que hablar de parámetros del sonido y centrarnos en diferentes conductas en relación a esos parámetros no es hablar de música. La música no está en todos esos sonidos, relacionados, no está en sus parámetros ni en nuestra intervención en esos parámetros.

         El complejo y cambalachístico mundo occidental es el único en el que prosperó el comportamiento musical de unos juzgado como “eso no es música” por otros (o “eso no es Arte”). Claro, el artista-pensador actual adivinó o creyó adivinar un posible desenlace de la Historia de la Música occidental y compuso en función de éste. Se saltó unos cuántos capítulos y dejó a la mayoría de la sociedad sin referentes que le permitieran dar un paso armonioso hacia esa música. Para colmos, los capítulos que se saltó lo condujeron a un “futuro” que a él se le antoja “C” sólo porque veníamos de la “A” y de la “B”. Así fabricó un “monstruo-dialéctico-que se come a sí mismo”, una especie de futura Historia de la Música. Se dijo “yo voy ubicado hacia el final del libro” y transformó a la Música en sonidos que sufren contrastes y transformaciones en sus parámetros.

         Si nuestro oyente sigue en contacto con esa fuente utilizará otra frase “standard”: “está loco”. Claro, el artista-pensador se embarcó en un viaje individual o elitísticamente minoritario hacia una lejanía que dejó al oyente sin caminos para a-simil-ar su Arte.

         Si para algo sirvieron esos pioneros es para hacer sonar algunas músicas o hacer acontecer cosas de una forma muy parecida a la de aquel que quiere ir más allá o más acá del “proyecto-Hombre”, quiere conectar con el Hombre que está más acá o más allá pero fuera de las “escalas y los acordes”, quiere recuperar valores esenciales de espaldas al “monstruo-dialéctico- que se come a sí mismo”. Así una parte de la música llamada “contemporánea” tiene una responsabilidad directa en la ratificación de una porción efímera y valiosísima de lo que se llamó Free Jazz.

 

         Decía que Lo Real cobraba un aspecto sospechosamente enunciable en mucho del Arte del siglo XX. Lo Real es la libertad, la libertad es la expresión real de lo Real, y para representar el mensaje de libertad sólo tenemos materiales y procedimientos que estructuran una forma.

         El paso del tiempo tiene que hacer que el artista evolucione a una visión cada vez más amplia en la que no hay absolutos en los materiales-procedimientos humanos para acercarse a lo Real. Lo Real es sí, absoluto.

 

 

III. APRENDE DE LOS SONIDOS

 

 

         ¿Porqué el hombre puede aprender de un producto suyo?¿Porqué un producto humano puede trascender lo humano? La respuesta estaría justamente en el puente que establece ese producto, no sólo con un saber que no es saber (inconsciente), sino con la Consciencia universal ancestral que está más allá de la dialéctica. El hombre es el que está más acá de la dialéctica.

         Siendo la música un producto humano que a su vez trasciende al hombre, se presenta como organismo que nace-vive-muere. Se puede decir que en su interior también hay sonidos que viven y mueren. Paradójicamente la música tiene esa cualidad desde un más allá de lo emocional en el que lo que vive muere para dejar lugar a nueva vida: un tránsito natural en un producto humano.

         Al ser tránsito es Vida. Transitar es ir, perdiendo y encontrando. Se podría decir que uno de los regalos de la música es permitirnos la intuición de una muerte “buena”, tal como el camino Yóguico y sobre todo budista proponen.

         John Cage, fascinado con el descubrimiento del Zen, intuyó que la música podía representar la no permanencia, el “más allá” de los dualismos humanos. A tal punto se sumergió en ese aspecto que sacrificó completamente el resultado estético de su música en pos de una especie de detonante que yo llamaría un empecinado “obligarte a vivir”.

         Es por esto que la palabra “conservatorio” tiene algo de contradictorio. Todas las acepciones del término “conservare”, aunque relacionados también con “servir”, tienden a designar el acto de preservar, de impedir la alteración.

         Es a través del transe o de una gran inspiración que descubrimos otro aspecto vivo, y es que la música YA ESTÁ potencialmente. Fluye permanentemente y a su vez está fuera del tiempo tal como Super-consciencia.

         Cuando la extrema sensibilidad nos lleva a percibir el acto mismo de IR A PONER SONIDOS en un “espacio-silencio” tomamos consciencia de lo orgánico de un sonido y hasta qué punto estamos permitiendo una vida al generarlo.

         En otro sentido, la música fue hecha y SE QUEDÓ más allá de sus realizadores. No murió con ellos y generó más música, dando lugar a una continuidad que se puede llamar Vida. Incluso es, además, por su carácter exigente y generador, mujer. Pero no humana. No es una señora. Tampoco habla. Al ser Vida la música es un Ir. Ese es su único punto de contacto con el lenguaje.

 

 

 

 

Improvisación como fe en el encuentro.

 

 

         El intento de restituir el sentido a la palabra “Vida” nos la vincula con “Libertad”. Pensar en esos temas nos muestra los límites de la Razón. El artista está en cierto modo enojado con la Razón y en general eso lo lleva a tener bastante respeto hacia la música que logra en cierta medida, saltársela: la improvisación libre.

         La improvisación libre es una idea contradictoria.

         La improvisación no puede ser libre. Puede ser, si, inexplicable. Puede ser semiconsciente, puede ser de tal inmediatez que su saber, a posteriori, sólo pueda ser una comprobación de su coherencia oculta e innegable. Es decir, sí puede ser mensajera de libertad. Tocar músicas que no sé porqué las toco pero que sean ciertas y lo sepa.

         Como mensajera de la libertad, la improvisación puede valerse de todo el material musical y procedimientos preexistentes.

         Tal como dije para la música, la improvisación ya está. Porque el Super consciente colectivo ya está. La improvisación es un acto de fe. Sin fe no hay improvisación. Fe en que el producto fuera del control racional sigue leyes que provienen de lo Real. Eso es libertad.

         Lo Real no es antítesis de lo racional. Pero las leyes de lo Real abarcan y trascienden las leyes de lo racional.

         Por eso si bien, en arte, forma y contenido pueden confundirse, las leyes de lo Real son ambos y son más.

         La verdadera improvisación, en la que la carga de mensaje satura y trasciende los materiales que el destino puso en manos del improvisador, nos entrega la bienvenida a la libertad. Esa fuente de placer tiene que ver con la sensación de un ser humano de participar de algo que siente como mucho más real y sustancial que él mismo. Eso recibe a veces el nombre de “identificación”, y la necesidad de tener una identidad es un maravilloso misterio que rige y determina muchas acciones. ¿Qué identificación puede haber más maravillosa que con la libertad misma?

 

 

El regalo

 

 

         Es casi un tópico hablar del final del siglo XIX europeo como la llegada a una impasse del mensaje romántico.

         Desde mediados de ese siglo el que piensa en música europea y la observa en una panorámica, automáticamente se inclina por ver al músico como un ser prometeico. Se habla de audacia, de valentía, del que se adelantó a su tiempo, o del que desde sus miserias intuye la unión de todos los hombres en un gran Himno a la Alegría.

         Ya desde mediados del siglo XVIII Dios había ido perdiendo popularidad en Occidente. El Hombre aprovecha para apoderarse de algunos de sus atributos. ¿…Y si resulta que ese Dios se aloja en Yo tal como afirman en Oriente?

         Es casi un tópico también, hablar de los comienzos del XX como marcados por la renovación. En la música europea el que más se autoproclamó como renovador, Arnold Schoenberg, quizás fue el menos rupturista. Es sobre todo en Francia donde se ve mucha más facilidad para ponerse a un costado de la estética romántica. Podría decirse que librado del lastre del Hombre, el sonido es más liviano y móvil. El compositor es más libre eligiendo sus materiales, se va lejos en el tiempo o en el espacio, y es más independiente forzando, sintetizando o depurándolos a su antojo.

         Así nos vamos acercando a la segunda mitad del siglo XX : el festín omnívoro cada vez más facilitado por las comunicaciones que, como dije antes, llegará a su auge con el movimiento inclusivo del “beat”, el Pop Art o el “menú chatarra” del que es muy difícil escapar hoy, simbolizado por los ingredientes de cualquier alimento envasado que compramos en el, también simbólico, supermercado.

         Ya vimos a Dios intentando volver a entrar a la fiesta con diferentes disfraces. Muchos de los cuales descubrimos que se los había comprado al Diablo. Hasta el manoseado, semi-olvidado y ateo Karl Marx fue víctima de la insistencia de Dios en existir, mientras promovía la idea de la adoración como narcótico. Ya vimos a dioses cantar tangos, hemos asesinado en defensa de un Dios vestido de futbolista y pateando pelotas, hemos visto también dioses fabricando jabones con personas…

         La gran revolución musical de principios del siglo XXI debería ser humana. O mejor, se podría decir volver a ser humana.

         Hace falta una culminación de la ciencia musical al servicio de la expresión de la condición humana. Eso propiciará que se inicie un nuevo período de renovación de materiales.

         Es un poco lo que a su manera y en su momento hicieron Beethoven o Parker o Coltrane o The Beatles: poner la música al servicio de una verdad intrínseca a lo humano e inexpresable por medio del lenguaje. Ellos y muchos otros, con los materiales disponibles, entregaron verdades que apuntan a la intuición del hombre integrado en lo Real, en comunión con el Ser, en cierta “tenencia” de lo Real no como dádiva o promesa de Dios.

         Se pasó el siglo XX y la consciencia del hombre prácticamente no evolucionó. La capacidad de atesorar la verdad de su propio Ser a nivel de consciencia, lenguaje, transmisión, no evolucionó. Pero al igual que designamos la Edad Media como oscurantista, el siglo XX también lo fue sólo que plagado de luminosos destellos en el plano de la consciencia del Ser intuida en el Hombre, es decir el Arte.

         En el caso de la música la clave para principios del siglo XXI es que por fin se sintetizaran todas las pistas que la Consciencia hizo destellar en el siglo XX y se direccionaran claramente a descubrir un plano lo más fiel posible de metáfora del Ser en el Hombre. Es decir es una síntesis de lo humano.

         Así como un hombre a veces no quiere saber nada con la vida para no asumir la muerte, quizás el hombre no quiere saber nada con la Consciencia de su propio Ser para no asumir la muerte de su propio Ser, es decir su transitoriedad como cosa que aloja el Ser. Dios, ya sabemos que hace tiempo lo olvidó. El Arte quiso darle la espalda buscando una trascendencia que es contradictoria con lo humano.

         Pero el movimiento es inevitable. La música tiene que afinarse con las expresiones caprichosas e incomprensibles en el Ser y en el Hombre.

         Si Charlie Parker trabajó para llegar a la maestría en el manejo de determinadas escalas, los músicos del siglo XXI tienen que trabajar además la afinación con los mensajes caprichosos del Ser, como si fueran un material más.

         Primero que nada vaciar. “Parar el Mundo”. Abrir. Dejar entrar. Escuchar al Ser, dejarlo hablar.

         No es el peligroso dejar de hacer música. No es la peligrosa pérdida de la ambición de crecer. Es propiciarle un espacio a la Nada artística. Al desaprender. ¡Hacer de la Nada una materia en el Liceo!

         La única guía es la experiencia del placer del encuentro.

         Así como el arte del siglo XX, sin el lastre del Hombre descubrió la libertad, el del siglo XXI debería regalársela.

 

 

 

 

 

Andrés Bedó

 

 

 

 

 

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