Lo Digital o la continua Visibilidad de lo Invisible.

 

 

 

*Existe en el Pensamiento Occidental una tradición luminosa de la Verdad, un sistema óptico del saber que piensa bajo garantía de la Luz.
Luz y Mirada proveen todas las metáforas del Conocimiento: claridad, revelación, punto de vista…, y del discurso filosófico, desde la caverna platónica, la “claritas” escolástica, la Ética Geométrica de Spinoza, hasta los Modelos de Universo de la Ciencia Contemporánea.
La luminosidad es el atributo absoluto de la Verdad.
Pero la Verdad de la luz no se revela.
La fuente lumínica de la claridad que hace visible al mundo es invisible.
La luz se niega como luz.
Siendo, en sí misma, invisible , hace visible al mundo suprimiéndose como presencia.
Lo visible se da bajo la condición de no ver a la luz misma.
Por lo tanto, la metáfora óptica de la Verdad refracta una imagen invertida de la Verdad: lo verdadero de la Luz se oculta en la luz.
Lo visible no hace más que dar el lugar para que advenga la palabra en su modo más propio: hablar de lo que no es visible, es decir, hablar de lo que únicamente puede ser hablado.

*El hombre ve en un Mundo y habla en otro.
Existen dos figuras de lo Real: la forma de lo visible y la forma de lo enunciable.
Su diferencia es mínima, pero crucial: la distancia entre la forma de lo determinable y la forma de la determinación.
La luz es la forma de lo determinable, tanto como la palabra es la forma de la determinación.
Lo visible es enunciable pero lo enunciable no es necesariamente visible.
Por lo tanto, existe una diferencia irrevocable donde se abisma la relación imposible entre la palabra que no se ve y lo visto que no tiene palabra.

*Con el advenimiento de la tecnología digital se produce una mutación crucial e histórica del Ver y la hegemonía Terminal del proyecto de la Mirada.
En la interfase virtual de la informática, la Luz y el Espacio pierden su condición absoluta y fáctica de “lo dado” y se convierten en Imagen de “síntesis”.
Todo lo sensible deviene inteligible.
Al quedar abolida la materialidad de la Luz, exterior y sensible, como “principio de realidad” la realidad puramente sensorial del Mundo, desaparece.
Lo Real deviene Virtual y la virtualidad no es irreal sino un efecto de presencia donde se la relación causa y efecto se anudan en lo simultáneo.
Mientras que la razón clásica se fundamentaba en Leyes “Naturales” que implicaban la simetría y la invariancia, la razón computacional conforma un movimiento constructivo variable, un logos programático, cuyo lenguaje se basa en la combinación de los dos dígitos del sistema de numeración binaria.
Lo binario engendra una ontología que constituye su propio modelo ejemplar de Mundo.
El sistema binario no carecía para Leibnitz de una instancia metafísica. El cero y el uno representaban la imagen misma de la creación.
La unidad del Ser Supremo (1) operando en la Nada (0) origina todos los seres

*Concretamente la digitalización es la codificación de información mediante la combinación de unidades binarias de dos dígitos (0-1). Cada unidad binaria constituye un “bit”, o sea, una unidad de medida de la información, la expresión estadística de la posibilidad de ocurrencia de unidades discretas de comunicación.
La probabilidad máxima de información es 1, la mínima 0.
Mediante bits de dos dígitos se procede a optimizar las alternativas de definir un mensaje sin ambigüedad. La digitalización supone una estructura “granular”, discontinua del lenguaje que lo hace susceptible de cuantificación.
El carácter binario de lo digital es irreductible, ó 0 ó 1, o todo o nada; la información es una acumulación de unidades discretas, separadas entre sí, discontinuas.
Se puede lograr, mediante un programa digital, la copia de una imagen pictórica a través de puntos discontinuos. Pero la copia será un simulacro del lenguaje computacional.
El artista, al crear el original, no operó por elecciones puntuales discontinuas, sino mediante un proceso global y continuo.
Lo que la digitalización logra mediante la reducción a unidades elementales contables, es un subproducto, una reducción que desnaturaliza el proceso de flujo, de devenir de lo continuo, de lo analógico.
Cualquier oposición dialéctica, verdadero/falso, afirmación/negación, existente/no existente, se expresa mediante un par de números enteros: 0 y 1 que denotan la no existencia y la existencia.
La digitalización no puede ir más allá de su naturaleza estadística y algebraica, por lo tanto neutraliza lo difuso, lo incodificable, lo fantasmal.
El bit no es una unidad de sentido, es la medida de una probabilidad, impotente para denotar cualidades difusas, valores y matices.
El Sentido reside siempre fuera del código.

(La “alta definición” (hi fi) se alcanza por sustracción de datos sensibles inmodificables omitidos como “ruidos”.En la hiperrealidad hay menor densidad de realidad que en la percepción orgánica. De ahí su “nitidez” alucinante).

*Concretamente, en lo Virtual lo legible engendra lo visible.
Las imágenes no nacen por interacciones de la luz y la mirada.
En tanto las imágenes de síntesis o digitales son generadas por un dispositivo computacional a partir de Modelos matemáticos la percepción se convierte en un proceso escritura-lectura que instaura una nueva relación entre lenguaje e imagen donde lo legible (y no la luz) engendra lo visible.
Este acontecimiento conlleva una profunda ruptura de la representación.
La imagen ya no emerge de una experiencia sensible, es generada por el lenguaje liberado de toda materialidad.
Por primera vez, en la dimensión de la mirada, los códigos lógicos matemáticos y no la Luz crean la Imagen.
En la interfase tecnológica, materialmente, ya no hay Imagen, sino una señal eléctrica en sí misma invisible, que recompone la Imagen.
La Imagen digitalizada ya no es una materia sino una “señal”, que para ser vista debe ser leída por un dispositivo de traducción matemática a un Modelo inteligible.
En este punto se hace realidad el sueño supremo de la Razón, el delirio del “yo “ cartesiano: crear un Mundo sensible con la materia del lenguaje donde todo lo Visible sea Legible.

*Aunque carezca de evidencia sensible el código digital no es neutro, es programático. Organiza el mensaje según una estrategia, cuyos valores son tácticos.
Se trata de un código de mando y control donde los fenómenos biológicos o culturales son considerados “procesos de información”, lo que quiere decir, formalizados según un modelo de Orden.
Lo fantasmal del código equivale a la realidad material del Poder.
La cibernética se organiza como una lógica, pero exige, como ideología, una praxis sobre la materia.
Y esta praxis concreta opera con la antimateria de la “invisibilidad”.
Por naturaleza, los procesos informáticos carecen de propiedades sensibles.
La “invisibilidad de la Interfase” digital es propiedad de una prótesis tecnológica del cuerpo que desaparece durante el uso.
Y, valiéndose de esta condición fáctica, los programadores informáticos desarrollaron una estrategia para llevar este fenómeno de “narcosis” o “invisibilidad” de las interfaces hasta sus últimas consecuencias.
El Poder tecnológico que, como todo Poder requiere manifestarse como “natural”, fundamentó una axiomática: “la mejor interfaz es aquella que desaparece durante el uso y posee la menor consistencia perceptiva posible”.
“Un programa alcanza su máxima eficacia cuando la percepción de su presencia operativa se transparenta hasta resultar imperceptible para la conciencia del usuario”.
Derrick de Kerckhove, afirma que una tecnología, antes de alcanzar el nivel de saturación debe atravesar dos fases: en la primera, (aprendizaje), la exterioridad del dispositivo resulta evidente, en la segunda, (uso), el dispositivo se interioriza “hasta volverse invisible” .

*La relación física y metafísica de los objetos con la luz sufre una mutación:
Lo visible deja de ser un fenómeno de proyección sino un efecto de difusión, la Luz ya no es reflejada por la Imagen, la luz es emitida por la Imagen.
La Imagen ya no depende de la iluminación para ser vista, tiene su luz incorporada, se revela por sí misma, se convierte en “ causa de sí misma”.
En el Arte se está delante de la Imagen. En lo Virtual se está adentro de la Imagen.
Con lo cual la mirada adquiere el carácter pasivo de la escucha.
En esta destitución sensible de la Imagen, que significa el paso de lo analógico a lo digital, lo que capta la vista ya no es otra cosa que un modelo lógico-matemático provisionalmente estabilizado.

*En este proceso el gesto corporal queda interdicto .
Si el Arte era el trabajo del cuerpo sobre una materia, en la figuración digital el cerebro se ha liberado de la mano. Los objetos se han liberado de su peso y su resistencia. Los objetos se han convertido en “modelos”.
Lo que atenta contra el espíritu de la informática no es una falta de alma, sino una falta de cuerpo porque donde no hay cuerpo no hay mirada.
En lo Virtual ha desaparecido la condición trágica de lo existente : lo irrepetible .
El componente trágico resulta suprimido.
El Principio de Realidad de lo Virtual es un Principio de Placer.

*El ojo digital ignora la carne, el espesor del mundo, lee en vez de ver.
Lo Virtual sólo tiene deseo de sí mismo y comunica sólo lo Virtual, de este modo, la Imagen digital deviene hipervisible.
Y lo hipervisible se constituye en el acto de no ver a lo Otro.
Por lo tanto en lo Virtual no hay Imagen, porque la condición ineludible para que haya Imagen es la alteridad.
En una cultura de miradas sin sujeto ni objetos toda Imagen manifiesta el absurdo de ser la Imagen de sí misma.
Cuando nada queda oculto, nada se resiste y nada queda afuera de la representación, se ha llegado, inexorablemente, al fin delMundo.

*La realidad Virtual implica un eclipse de la presencia.
La posibilidad de estar presente disminuye y se enrarece a medida que aumentan las posibilidades de representarse. En el espacio informático la presencia se ausenta y se delega a la representación de una Imagen del usuario.
(Es la representación lo que se da como presencia en el mail, las redes y foros sociales, los trámites o el trabajo por Internet).
Y la representación, aunque tenga una entidad jurídica, no es una copia de la presencia, es un simulacro reconstruido por la ficción de una voluntad imaginaria.
El agente deviene en actor y, fácilmente, asume una entidad autónoma de la presencia física.
A través de los dispositivos digitales, la presencia puede y desea recrear su propia representación.
La identidad de la Imagen es plenamente “imaginaria”, la representación gestiona virtualmente la realidad física de una presencia que se ha tornado problemática sobre la que rige el principio de incertidumbre.

* La Imagen numéricamente sintetizada de la realidad virtual constituye la manifestación terminal de la pérdida de imaginación de la imagen.
Desde la pintura rupestre la Imagen emerge como una abstracción del Mundo real en dos dimensiones y, concretamente, esa sustracción dimensional le otorga el poder de la ilusión y la fascinación que captura al ojo en su secreto.
Opuestamente, lo virtual al intentar una representación “realista” en tres dimensiones vuelve a lo real, hiperreal, destruyendo su misterio.
Lo virtual al proponerse alcanzar la ilusión perfecta se aleja de ilusión creadora y fascinante de la Imagen. La Imagen “realista” digitalizada, convierte la representación en reproducción provocando la exterminación de lo real por su doble.
En la dimensión Virtual el Mundo se vuelve hipervisible.
La Imagen carece de poder simbólico, por su naturaleza transparente es incapaz de señalar lo Real porque ella misma es lo Real.
Lo cual determina el fin de la capacidad de soñar, las imágenes y las cosas, superpuestas, se han vuelto idénticas, unívocas.
La pérdida de lo imaginario de la Imagen es la pérdida, el fin, del deseo.
La Imagen hipervisible de lo Virtual es una máquina de desear deseo.

*Desde sus arcaicos orígenes, el Arte conlleva dos impulsos opuestos: la pulsión de borrar todos los rastros del Mundo y de la realidad, y una reacción contraria a esta pulsión que Henri Michaux formula en un concepto: “el artista es aquel que se resiste tenazmente a la pulsión fundamental de no dejar rastros”.
No es contradictorio ni falso afirmar que el Arte se ha tornado “iconoclasta”, pero la iconoclasia moderna no se manifiesta en la violenta destrucción de las imágenes, sino en generar una anonadante profusión de imágenes en las que no hay nada que ver.

*Por lo tanto, el discurso más adecuado para expresar el Arte actual sería aquel hablar que no teniendo que decir remite a una pintura en la que no hay nada que ver.
O sea, un hablar que tiene por objeto algo que ya no es un objeto.
Pero un objeto que ha dejado de ser objeto de un sujeto (como las actuales “obras de Arte”) no se convierte en Nada, es una presencia que obsesiona por su indiferencia.
Ante el silencio de lo indiferente, el Arte sólo puede representar su propio girar alrededor de la imagen vacía del objeto que ya no es un objeto.

*En la Imagen Virtual del Mundo la doble función del Signo es provocar que desaparezca la realidad y, simultáneamente, ocultar su desaparición.
La ilusión que provenía del poder de oponerse a lo Real instalándose como su irreductible alteridad de las cosas ya no es posible en tanto las imágenes han pasado a formar parte de las cosas. Por lo tanto, la imagen ya no puede imaginar lo Real dado que ella misma se ha instalado como Real. O sea, han devenido en una evidencia transparente que ha perdido el secreto fascinante de su Misterio.

*Los objetos de la realidad virtual han dejado de ser espejos que reflejaban un Sentido, se han vuelto transparentes y su transparencia no oculta ningún secreto ni refracta ninguna Imagen ni generan ilusiones. Todos los imaginarios que expandían y multiplicaban la realidad de la realidad, se han consolidado en una hiperrealidad saturada y vaciada de sentido que no da lugar a la representación y suprime cualquier experiencia estética.

*La historia de la cultura es la historia de la lucha contra el olvido, la creación sucesivos de tecnologías del recuerdo: escritura, símbolos , fotografías…
La fotografía conlleva una compleja relación entre las imágenes y la memoria.
Desde sus comienzos, la fotografía opera un proceso de apropiación de la “realidad”, inaugura la posibilidad de ser “dueño de los recuerdos”.
Los recuerdos dejan de estar almacenados en una memoria subjetiva privada y se vuelven objetivos, cosas materiales que pueden tocarse con la mano y ser vistos por otros.
La imagen fotográfica genera la ilusión de apropiarse del tiempo, de creer que algo puede seguir siendo aun después de haber sido. La cámara se presenta como una herramienta para detener el Tiempo convirtiendo el pasado en un presente continuo.
Sin embargo, el mecanismo fotográfico posee una naturaleza oscura y diabólica : concede la inmortalidad de los recuerdos a cambio de la mortalidad de quien recuerda.
El instante capturado en la foto no se aleja hacia el pasado sino el observador es quien desaparece ante la fijeza de la foto.

*Si consideramos cierto que una fotografía nos muestra eternamente lo que ha sido y ya no es, también nos oculta eternamente lo que pudo ser y nunca fue.

*El instante capturado en la foto no se aleja hacia el pasado sino el observador es quien desaparece ante la fijeza de la foto.
Sólo cuando la fotografía se niega a funcionar como recuerdo presentándose como “imagen artística” autónoma, que no documenta la “realidad”, rompe su relación con la memoria y manifiesta la presencia de una subjetividad individual que sobrevive en la huella de la imagen.
Una fotografía deviene Arte cuando se sostiene por sí misma como una imagen que no documenta lo Real ni funciona como recuerdo.

*Volviéndose Arte, la fotografía se rebela contra la Ley del Mirar, la prohibición que establece aquello que no se debe ver en lo visible.

*Precisamente, una operación constitutiva del acto fotográfico: el encuadre, efectuado por el autor y el enmarcado que lo explicita son los elementos concretos que determinan la identidad de la imagen fotográfica y legitiman su pertenencia al género de las Artes plásticas.
El “recorte” de una región aislada de la extensión indeterminada de la realidad sensible genera la experiencia estética que define a un objeto como obra de Arte; es el Límite, la institución del marco, del “encuadre” los que asumen la generación fundacional del objeto artístico.
Necesariamente, la estética es un discurso sobre el marco, el límite exterior/interior de la obra.
El marco garantiza la coherencia de las relaciones endógenas, protege la unidad de sus contenidos, su expresividad y su percepción jerarquizada que de lo contrario se dispersarían en un contexto insaturable.
El mecanismo de encuadre afirma una pertenencia lógica de clase y de género.
El marco no es un ornamento que “encuadra” a la imagen, la imagen se convierte en obra de Arte al ser circunscripta y recortada por un marco.
Concretamente, sin pertenecer a la obra de Arte, el marco asume la definición del Arte.

*Por otra parte, al igual que en la Pintura, el instante inmediato de la fotografía no se confunde con la simultaneidad del tiempo real.
No se trata de presente simultáneo a todo otro presente, sino una Presencia incesante que no remite a ningún pasado ni se dirige a ningún porvenir.

*Con el advenimiento de la tecnología digital se produce un giro radical de todos los regímenes de representación.
Para comprender esta mutación es necesario pensar la naturaleza original de la relación que establecía la fotografía analógica con la imagen y la condición “residual” que ha adquirido esa práctica de la imagen con la mediación de la interfase digital.
La cámara digital, como interfase, procede a objetivar, definitivamente, la mirada y todos sus dispositivos.
Por lo tanto, entre el yo y el Mundo se extiende una única dimensión, una sola dimensión imaginaria continua, sin ruptura, el espacio de la interfaz digital.
Esta dimensión imaginaria corresponde a un dominio de lo visible en el que se anula la distancia entre sujeto e imagen, en tanto el sujeto mismo penetra en el espacio de la imagen y participa en él con su propio cuerpo.
En ese espacio tiene lugar el eclipse de la exterioridad y el sujeto pasa a leer su subjetividad en los objetos externos.

*Sin embargo ya no se trata de una subjetividad individualizada y auto constituida, el dispositivo tecnológico de la interfaz construye una nueva subjetividad donde el sujeto resulta determinado por las cualidades del objeto, de la misma manera que la configuración del objeto es producto de los reflejos del sujeto.
Consecuentemente, en el Modelo de interfaz, toda identidad es el resultado provisorio de un proceso recursivo:
“el yo no percibe cosas, sino imágenes que, una vez registradas por el yo, se convierten en la sustancia del yo.”

*La Imagen ya no es “mimesis”, no imita deficientemente una realidad exterior, la imagen infográfica es construye la realidad y lo Real deberá imitarla para existir.
La representación no diferida en tiempo real se anula como representación y asume, por sí misma, la presencia.
Por lo tanto, queda suprimida la visión de la visión.
No hay mediación, lo mediático es lo inmediato.
En la dimensión Virtual el Mundo se vuelve hipervisible.
La Imagen hipervisible carece de poder simbólico. Su naturaleza transparente es incapaz de señalar lo Real porque ella misma es lo Real.

*Culminando el sueño alucinado de la Razón lo legible genera lo visible.
La imagen fotográfica ya no es una “huella de la Luz” sobre una emulsión fotosensible sino una manifestación legible de un lenguaje ajeno a toda materialidad.
Por lo tanto, el cuerpo mismo del sujeto-fotógrafo deja de localizar en el afuera de un espacio para inscribirse como una imagen inteligible situada en el interior del Modelo digital.
Cuando todo lo que acontece se torna inteligible, lo Real deja de ser esa instancia existencia existencial de aquello “que se resiste” a la Razón y a la Voluntad.
Este Acontecimiento límite pone en escena “la desaparición del Mundo”.
Con la desaparición del Mundo la fotografía pierde su objeto.
El acontecimiento de la fotografía como revelación de la imagen objetiva opera la paradoja de revelar la radical ausencia de la objetividad del Mundo.
No se fotografían las cosas como se ven ni como se presentan, sino como se ven al ser fotografiadas.

*La voluntad de la imagen es resistir el ruido de los significados, los rumores del discurso que alteran el silencio fotográfico; resistir los flujos del lenguaje por la inmovilidad; resistir la comunicación y la información, sellando el arcano de las cosas. Resistirse al imperativo moral del significado desplegando la ausencia de significado.

*La fenomenología cruda de la imagen fotográfica remite a la “apofática” o teología negativa que intenta aproximarse a la naturaleza de Dios enunciando todo lo que lo divino no es.
En su acercamiento apofático a las cosas (a través de lo que las cosas no son), la fotografía pone en escena una tragedia, un movimiento dramático del acto de atrapar al Mundo en su propia exterioridad.
Y aquí irrumpe el Misterio: no es la alteridad de lo Otro lo que atrapa al ojo del fotógrafo, sino lo ignorado, lo invisible del Otro cuando el fotógrafo está ausente.

*Nunca se está en realidad frente a la presencia del objeto.
Entre la realidad y su reflejo como imagen, existe un intercambio imposible.
La fotografía revela al Mundo a través de la ficción instantánea de una representación sin presencia.
La Mirada debe formalizar en una imagen una realidad sin imagen.
Pero, fatalmente, la representación de lo Real engendra otra realidad diferente.

*Con respecto a este punto, la “mimesis” fotográfica aparenta operar en el vacío.
Toda relación de semejanza padece la ausencia del elemento referencial lo cual convierte, a cualquier similitud, en ilusoria.
Pero esta “mimesis” sin modelo oculta una relación terrible y profunda de la que emerge su sentido.
La representación no carece de objeto ni de referente, su obra representa una Imagen desconocida que no existe en la vida y aquello desconocido que no tiene semejanza en la vida es, precisamente, la Muerte.

*El acto fotográfico abre el espacio de un diálogo íntimo con el silencio del Mundo, no para quebrarlo, sino para demostrar que si “lo que no puede ser dicho debe ser guardado en silencio”, esto, que no puede ser dicho puede ser también guardado en el silencio de las imágenes.La voluntad de la imagen es resistir el ruido de los significados, los rumores del discurso que alteran el silencio fotográfico; resistir los flujos del lenguaje por la inmovilidad; resistir la comunicación y la información, sellando el arcano de las cosas. Resistirse al imperativo moral del significado desplegando la ausencia de significado.

*Pero, a diferencia de la pintura donde se da una relación transitiva y armónica entre el ojo y la mano, el evento fotográfico implica una confrontación entre el ojo y una interfase tecnológica: el lente (el objetivo).
Y en esta confrontación se ejerce violencia.
El acto fotográfico es un duelo. Una afrenta hacia el objeto y una afrenta del objeto como respuesta.
Siempre se retrata una desaparición de la desaparición del objeto en la fotografía.
Lo que alguna vez fue y ya no lo es. El acto fotográfico es un asesinato simbólico.
Pero no hay un asesino del objeto. Detrás del lente, el sujeto también es víctima de un desaparecer.
El estado de las cosas, lo dado, no tiene un sujeto.

*Cada foto termina simultáneamente con la presencia real del objeto y con la presencia del sujeto.
En esa reciprocidad fatal, habita una “carencia de comunicación”. El hombre y las cosas dejan de significar, el uno para el otro.

*Se advierte y declama la desaparición de lo real bajo el peso de una multitud monstruosa de imágenes, sin advertir que la imagen por su misma realidad también desaparece .

*Esta ausencia de realidad surge cuando se suprime la presencia material de la iluminación y el sujeto se convierte en una luz cegadora que encandila al objeto.
Sólo entonces la naturaleza objetiva de la imagen puede ser ignorada para permitir la inscripción de la ideología, la estética, la política y la relación narrativa con otras imágenes.

*Pocas imágenes pueden escapar al deseo de su significación forzada y, al mismo tiempo, sólo hay muy pocas imágenes que no son forzadas para provocar su propio significado.
Personas y cosas han aprendido cómo responder frente a la cámara.
Saben cómo adoptar la pose que corresponde a un acto de reconciliación imaginaria.
No siempre esta reconciliación es posible. Sólo existe bajo la condición de ser reconocida.

*La llamada fotografía “realista” no captura el “qué es”, enfoca lo que no debería ser, como, por ejemplo, la realidad del sufrimiento.
Desde un simulacro de punto de vista moral, se procede a tomar fotos de lo que no debería ser y no de lo que es. Estas fotos no documentan la realidad, documentan la negación total de la imagen para representar lo que se rehúsa a ser visto.

*Y lo que se resiste a ser visto es lo inmediato cuya proximidad absoluta excluye la presencia. La imposibilidad es la forma de relacionarse con lo inmediato.
La pura presencia desborda todo presente, lo absolutamente próximo se invierte en ausencia.
Lo inmediato de la visión no permite mediación alguna, la ausencia de separación es ausencia de relación porque no preserva la distancia y el porvenir necesarios para advenir a ella. Su tiempo es la dispersión del presente, lo incesante.
Lo absolutamente próximo es la intimidad como exterior, el objeto convertido en inclusión.

*La inmediatez de lo próximo no es visible.
Su proximidad se adhiere al ojo y se sustrae a la distancia de la Mirada.
Del mismo modo, la inmediatez no cesa de estar presente ni admite diferencia, por lo tanto no adviene como imagen aquello que no deja de estar, que no se retira ni ausenta para poder ser representado.
Esta proximidad siempre dada que no deja de estar próxima pero inaccesible a la Mirada, que es la totalidad continua de la experiencia sensible. Aquello que por próximo e inmediato no es señalado ni significado, lo que por estar siempre a la vista resulta invisible.
Lo inmediato no está antes ni después, está sin distancia y no deviene imagen porque de la proximidad continua de lo presente no hay representación posible.

*El Mundo es un objeto inminente e inaprensible. Se manifiesta simultáneamente como
lo más próximo y lo más distante.
Tal vez la pregunta crucial sea: ?A qué distancia se encuentra el Mundo?.
Puede concebirse la “objetividad” de fotografía como un espejo, la superficie especular de la desaparición del sujeto donde se refleja la aparición de los objetos.
Un espejo falaz que permite ver lo que no se podría ver sin él: al mismo observador.

*Puede conjeturarse que el hombre, cegado por la amplificación de su propio reflejo, falsifica las perspectivas visuales y borra las precisiones del Mundo. (como la distorsión visual de los espejos retrovisores que advierten: “los objetos en este espejo podrían estar más cerca de lo que aparentan”.
Resulta incierto que la imagen fotográfica tenga el poder de acercar objetivamente al “mundo real”, el cual está, de hecho, infinitamente distante porque contiene al propio fotógrafo.

*Lo que está en juego es el lugar de la realidad y la pregunta sobre su localización.
No sorprende que la fotografía se desarrolle como un medio tecnológico en la era industrial, cuando la realidad empezaba a desaparecer.
Incluso esta desaparición de la realidad generó su conformación técnica como medio para mutarse en una imagen.
Este planteo problematiza y anula las explicaciones simplistas acerca de la tecnología como generadora del Mundo moderno.
No resulta insensato conjeturar que el hiperdesarrollo técnico sea la causa de desaparición de la realidad sino que todas las tecnologías son meramente los instrumentos que registran la extinción gradual de la realidad.

*De la inmediatez que es lo Real no puede haber experiencia ni imagen, carece de toda evidencia porque está oculto en su continua evidencia.
Lo Real es Impensable porque nunca es extraño ni provoca extrañamiento en su inmediatez.
La ausencia de distancia es ausencia de relación por lo que la proximidad se da como separación infinita, donde no hay lugar para acercarse ni idea por donde advenga.
Tal es la naturaleza de lo inmediato que es incesante como presente que no pasa y siempre está pasando sin ir hacia un pasado ni llegar de un porvenir.
Lo Real es la proximidad de la que nada ni nadie puede ausentarse y lo constantemente desconocido en tanto siempre fue y es conocido sin poder reconocerse porque, y este es el aspecto más anonadante de la proximidad, de lo inmediato no hay Imagen.
Está sin Ser objeto, idea, imagen o palabra, permanece oculto por estar siempre revelado como fondo de la imagen de toda realidad.
Y la realidad es el don de lo posible concedido por lo imposible.
Aquello que no tiene Imagen ni adviene a la imaginación, que sin ser no puede dejar de estar y es posible por la imposibilidad de ser imposible, se revela como lo Real.

 

 

 

 

Eduardo del Estal

 

 

 

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