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Aún tú que mueres,

escamoteado por un mensaje de sobrevida,

enseñas a los que quedan

el profundo misterio y la otredad insalvable.

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Nunca oculto de tu adiós

para que la vida se abra

y la escucha de lo impensable done entre murmullos

las verdades a la nada

y la nada a los dominios.

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(Aún hablas desde nunca

para que este pasar levísimo cante con las cosas

y serenamente se esfume ante la estrella

de los sálvicos llamados.

Aún culminas

por la danza vertiente del mundo

sobre el margen de las administraciones).

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Cuánto enseña el morir

al humilde entusiasmo

que palpita en las voces del justo sin atrincherarlas

y que vuelve al saludo de los límites

la feliz transformación del ver y el comprender.

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 María Lilian Escobar y Roberto Cignoni

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