Improvisación

A decir algo, para decir algo, a decir verdad. A no llenar este espacio de vacío. Para empezar sólo para empezar, hacer una pausa. Escuchar, sólo escuchar. ¿Hay algo que le falte a esto que sólo oye? No.

 

 

Entonces, entonces podría quedarme simplemente contemplando el río pasar. El agua siempre la misma, la misma agua siempre otra. No tan fácil, no tan rápido. Bajo la superficie lisa hay remolinos, hay contracorrientes, piedra horadada que es el cauce también hay.
Así sin proponérmelo, estoy escribiendo, uno dos tres, puedo escribir números si quiero y los escribo como letras. Puedo escribir 1, 2, 3, también. Más o menos. Más no puedo escribir lo que es la improvisación, sin caer en esta sucesión de signos que conforman palabras que conforman lenguaje.
¿Pero no era de eso de lo que quería hablar? ¿No se trata de un lenguaje acaso? Sí y no. No sé. Está ahí pero no son las letras las que pueden definirlo, quizás el espacio vacío entre las manchitas negras que arman este texto.
Bien, hasta ahora, conforme con esto, satisfecho con mi yo. Casi pude definirlo por un momento. Casi tengo una buena excusa. Ahora, afuera. Salto, las tetas, gritos. Ahora miro desde otro cuerpo, soy otro. Otro tiempo, soy el tiempo.
Está ahí, o casi. Es decir, proponer una definición es intentar congelar el aire. Hay un estado intermedio que se nos escurre entre las manos. Y si no, para qué tanto. Tanta agua bajo el puente. Tantos puentes. Porque si todo es así entonces todo sería agua. Más bien importa poco. Todo lo que escape a nuestra medida, no es mesurable. Lo cierto es que escribir sobre una práctica no es la práctica.

No te desanimes tan rápido, puedo intentar explicarme. Puede haberuna reflexión de la experiencia, sí. Sí pero no es más que un bosquejo, un esquema de líneas que no permiten ver el color ni el olor, ni el ritmo. Mucho pedir. Quizás si sólo me permitiera pensar la experiencia, sólo limitarme a contornear la forma, ahí no hay tanta pretención de pensamiento, solamente contorno. Como en esas páginas llenas de números que en mis ataques de asma de la infancia iba completando, 1, 2, 3, hasta que la línea del lápiz hacía aparecer una jirafa.
Es que ese instante en el que emerge la jirafa es precedido por otro instante en donde esa práctica de unir las cifras con una línea no tiene mayor sentido. Bien, eso se aproxima a mi idea de hacer música. A mi idea de la improvisación, algo totalmente intrascendente pero absolutamente fundamental para mi vida. Suena tranquilizante. Hay varias ideas de otros, de algunos muy importantes, otros, que confirman lo que enuncio. Inmanencia, trascendencia. Tranquilizante, pero no es eso lo que quería, lo que quiero. Porque no puede haber un texto que intente explicar (nunca comprender) la improvisación en pasado, porque el texto tiene que dar cuenta del presente, del instante en donde eso innombrable sucede. Provocación, entonces, verbos, nada de infinitivos, todo por hacer.

Mal, otra vez acorralado por la lengua, otra vez contra el borde de la forma. Por un momento creí que estaba escribiendo algo pero ya veo, el agua se vuelve vapor. No. Más bien creo estar embarrando la cancha, algo parecido a cuando baja el río y sólo queda una pasta marrón que parece chocolate, pero que sabe a otra cosa.
Pausa, miro a mi alrededor, miro esta pantalla irradiante. Una vez le pregunté a Zelmar porque hacía lo que hacía, me miró fijo y me respondió “luz”.

 

 

Trío Garín-Grandoso-Arbit

 

Escucho, la voz de adentro se calla. La experiencia de lo místico (no debería estar poniendo esto). Siento el pulso en la garganta, los ruidos se organizan en sonido.
Otra vez el lenguaje se apodera, otra vez soy hablado por otros. Una vez más vencido.
Si pudiera tomar distancia vería que no hay más que forma, eso podría relajarnos momentáneamente. Aunque, no debería ser una cuestión de forma, esto tendría que abrir las posibilidades a la no forma, al desborde. No tan fácil, pero así de simple.

Acá empiezo a escribir, un dos tres probando. ¿Hay alguien en la sala? Todos se fueron probablemente. Nadie tiene ganas de ver a alguien que no tenga nada claro para decir. Hay muchas cosas mejores, mejor envasadas, donde claramente se lee qué tipo de producto vamos a consumir. Si está de moda, si pasó la fecha de vencimiento, si hay que excitarse o si combina bien con la mesa del living ¿Hay alguien en la consola? Mejor si no. Es posible que entonces encuentre alguien hacia adentro. Esto puede ser aterrorizante, estoy atrapado en este cuerpo y no en otro. En una forma, buscando su límite probando su resistencia y elasticidad.
No, no era esto lo que quería contar. Una vez vino el hermano de un amigo y me pidió que le explicara cómo funcionaba un programa para hacer música con la computadora. Al rato me di cuenta que él me estaba mostrando a mí como funcionaba. Después me preguntó si le podía enseñar música. Le dije que no. Lo invité a tocar conmigo. El hermano de mi amigo hoy es mi amigo. Él dice que yo soy el maestro con el que aprendió que las notas no eran lo importante en música. Yo no sabía que podía enseñar eso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

por Omar Grandoso

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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