El texto del violinista Malcolm Goldstein, improvisador iluminado, compositor de nueva música e intérprete magistral de obras de Cage y otros grafistas, incluido en el libro “Sounding the Full Circle – concerning music improvisation and other related matters”, de 1988, fue traducido por Grieco y Bavio para el catálogo de Experimenta 99. El texto tiene muchos años, han cambiado muchas cosas desde entonces, aqui y alla, pero refleja muy bien el estado de las cosas en las décadas pasadas y viene bien para pensar como estamos hoy en el campo de la enseñanza musical con el trabajo improvisatorio.

Goldstein hoy vive aislado de las ciudades, en la montaña entre Usa y Canada, sin conexión ni teléfono. Como Thoreau en su Walden. Su arte es asombroso: es uno de los violinistas más sorprendentes que he escuchado.

C.K.

 

 

IMPROVISACION: HACIA UN MUSICO INTEGRO EN UNA SOCIEDAD
FRAGMENTADA
– Malcolm Goldstein

 

 

¿Cómo es que hemos omitido por completo la improvisación
en la experiencia/la musicalidad/el entrenamiento de los
estudiantes prácticamente en todos los colegios y
conservatorios de música?… ¡¿o sería tal vez más apropiado
decir “excluido”?! Y, si ha sido excluido, ¿qué nos dice
entonces un acto como ese de nuestra cultura, actitudes y
sistemas de valores? Lo que elegimos para enseñar, lo que
elegimos para poner en práctica y compartir nos informa de lo
que consideramos valioso, para ser perpetuado y reconocido
socialmente. Piezas de música.

¿Cómo puede ser que muchos compositores cuyos trabajos son
parte del repertorio clásico europeo fueron también conocidos
en su tiempo por sus talentos como improvisadores y que hoy
esto es raramente parte de las actividades de los
compositores? Considere la diferencia entre compositor y
ejecutante: ¿cuál era la diferencia entre compositor y
ejecutante en el pasado? ¿Cuál es la diferencia entre
compositor y ejecutante hoy?

Nuestros sistemas de educación fomentan la división de la
mente en intelecto (una comprensión distanciada de las cosas)
y la ajecución (una puesta en práctica de las reglas del
ejercicio de la ejecución).

Así, los estudiantes suelen practicar primero “las notas”
(esos puntos minúsculos que corren por encima de la página) y
luego agregan “expresión”, como poniendo sal y especias a un
plato que no tiene buen sabor. Y así, también, practicamos
nuestras escalas y ejercicios como preparaciones para las
piezas de música, más que como musicalizaciones: escaleras
ascendentes y enriquecimiento de los músculos de nuestro
espíritu musical. Separamos a la persona que toca del objeto
que es ejecutado y, en el proceso de la realización, lo que a
menudo es expresado/experimentado es el abismo que se abre en
el medio. ¿Cómo llegarán a ser, entonces, una pieza de
música/un músico íntegros?

No piezas de música sino más bien gente haciendo música.

Miro a músicos de orquesta ejecutando, los ojos pegados en la
hoja impresa, a menudo con sus oídos (aparentemente) cerrados
al sonido que los rodea. ¿Pero entonces, cómo puede un
individuo ser responsable en una larga corporación cuando
obedece al golpe del conductor?

He oído decir a músicos profesionales mientras miraban mis
partituras, que usualmente son estructuras de improvisación
que usan una variedad de nuevos procedimientos de notación y
técnicas de ejecución, “Cualquiera puede hacerlo” (lo cual es
cierto); y agregan, ¿Por qué debería hacerlo?” Es casi como si
la accesibilidad al tacto común erradicara el valor de algo.
¿No es cierto a propósito de toda nuestra economía: metales
preciosos y joyas, ediciones limitadas, antiguos instrumentos
de cuerda, autos caros…? ¡¿No es el valor tan alto a causa
de la rareza de los objetos?! No es raro que, al hablar acerca
de arte moderno, una adulto sea escuchado decir, “Oh, mi hijo
podría hacerlo.” Un hermoso cumplido para el chico, pero en
general una crítica intencional hacia la pintura: como si un
chico no fuese también capaz de una asombrosa creación que
abriera nuestros ojos a un mundo de palabras nuevas que nuestra
sofisticación ha perdido; o, como si fuera necesario ir a la
escuela y pasar años de entrenamiento para llegar a alguna
verdad profunda, a alguna gema preciosa que deba ser
almacenada en una cripta sellada.
“No toque”, dijo el guardia del museo, mientras mi amigo tocó
suavemente con el codo e hizo mover el móvil calderoniano. El
aire era tan denso y sofocante que el pobre móvil colgaba
inerte y exánime hasta ese momento.

Improvisación: para comenzar, escuchar. (Aun en la música de
concierto occidental, es importante quitar los ojos de la hoja
impresa y poner el oído en el sonido.)

Improvisación: un proceso de descubrimiento. ¿Le damos a
nuestros estudiantes/a nosotros mismos el espacio para fallar?
Y sin embargo si, por otra parte, una improvisación fuera
considerada por alguien como un proceso de descubrimiento,
compartido en el momento/encontrándose con otra gente, ¿podría
ser considerada como una fracaso?

Toque dos tonos, alternando de arriba para abajo -de algún
modo cada una suena siempre diferente. Considere variedades de
timbre/calidad (como, en un instrumento de cuerda rasgada:
velocidad del arco, presión, ubicación y articulación),
dinámica y duración. Escuche cada uno como sonando en sí mismo.
Escuche cada tono, también es posible, como relacionado con el
tono anterior. Yuxtaposiciones, confrontaciones, extensiones,
suspensiones, transformaciones. Escuche el sonido como
interesado-en/por-uno-con-la energía del gesto físico,
arraigado en el cuerpo/necesidades, en la presencia de la
persona (usted) en ese momento… como caminando por el mismo
sendero en los bosques, todos los sentidos agudamente alertas
y notando más y más matices y/o relaciones cambiantes, y
emergiendo incluso algo para nada oído antes. Practicando Bach
y encontrando en-él/en-mí, musicalidades frescas/refrescantes.
(Gluck se quejaba de que los cantantes elaboraran tan
excesivamente-¡improvisaran! sus melodías, al punto que la
tonada-su tonada-era irreconocible. No obstante, ¿realmente
quería alentar la monótona repetición de melodías
esqueléticas, espinas sin carne, tal como oímos sin cesar
ahora?)

Considere el momento glorioso de la cadencia en un concierto:
cuando la orquesta se demora, silenciosamente suspendida, y el
solista tiene la oportunidad de juntar el material musical
compuesto y en un momento musical revivido, “Ahora, esta es la
forma en que veo/escucho/siento/pienso acerca de eso.” Ahora:
este momento, improvisado, realizado en el sonido. Cada
ejecución única, correspondiente a la experiencia de la música
compuesta mientras es tocada por esa orquesta particular, con
ese particular director, en ese particular lugar de conciertos
en ese día en particular… Tal vez, a veces, el solista
podría aun sentarse o quedarse de pie en silencio, cuando
fuera apropiado. ¿Y cómo responderíamos nosotros, como
audiencia, estando ubicados en el presente? ¡Una música nueva
desplegándose en la que tendríamos que participar, sin
expectativas, si también estuviéramos presentes! Sin embargo,
lo que le enseñamos a nuestros alumnos es a ejecutar, de
memoria, los apuntes de un editor muerto, sentado lejos de la
realidad de una ejecución particular y llevando a cabo una
edición compuesta enteramente, fijada para todos los tiempos.
¿Qué hemos ganado? ¿Qué hemos perdido? De nuevo (y de nuevo)
¿qué nos dice esto acerca de la sociedad en que vivimos?

…la música jamás puede ser una cosa en sí misma… toda
música es música popular, en el sentido de que la música
no puede ser transmitida ni adquirir sentido sin
asociación entre la gente.

¿Quién es la gente qué va a las ejecuciones en las salas de concierto?
¿Asociaciones solo a través de impresiones pasadas,
grabaciones fonográficas una y otra vez en el cerebro, o como
ríos-de-continuidad/la partitura-trajo a la vida en el momento
presente “entre la gente”? Considere todos los recitales de
estudiantes (y profesionales) de La folia de Corelli: la
melodía tocada y tocada de nuevo, ¡sin adorno! Cuidadosamente
programamos la música computada y evaluamos el número de las
notas ejecutadas imperfecta o erróneamente. Nuestro proceso
educacional se convierte en una perpetuación de valores de
clase: una inversión en el pasado, con pagos en el futuro. En
el proceso perdemos el momento-presente/descubrimiento.

La improvisación deja participar la lógica de nuestra
subjetividad total; lo que aparece es la coherencia del gesto
sonoro.

Mi hijo, entonces de aproximadamente dos años, se inclinó,
mirando: la fina capa de hielo derritiéndose en burbujas y
arroyos de frío primaveral. Aprendí a ver nuevamente: su
visión despertando en mí limbos verdes y purpúreos, mientras
la tierra marrón se derribaba a nuestro alrededor.

 

 

 

 

 

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