Oscar Bazán

 

 

 

 

Oscar Bazán – Historia y silencios de la música pobre.

                                                                                                          por  Claudio Koremblit

 

 



ff00209  Están los pobres económicos, los que viven sin dinero; los pobres de recursos técnicos: aquellos que no dominan los instrumentos que usan; los pobres tecnológicos, quienes han creado nuevos instrumentos reciclando viejas máquinas en desuso; los pobres de ideas, que son los que se limitan libremente a improvisar, y también los pobres de materiales: los austeros, aquellos que eligen la carencia como su lenguaje.

Hoy, “la pobreza” es un término relevante dentro de la escena artística y de las industrias culturales porque los músicos del más acá han comenzado a discutir, por primera vez en público, sus derechos y sus herramientas de trabajo. Discuten de su pobreza, aquella a la que nuestra sociedad los ha condicionado de por vida. Quizás aún no sepan que la austeridad, en nuestra música, ha la tido como un mandato social y espiritual que algunos músicos abrazaron con pasión y que ha alcanzado a través de ellos un estatuto de identidad.

Bajos recursos.

Existe una “música pobre’ que no tiene que ver con el dinero sino con la materialidad sonora. Si bien puede relacionarse con el minimalismo, aquel movimiento deudor de las artes visuales y la arquitectura, que amanecio junto con Fluxus en 1960, inspirado en buena parte por la música percusiva del compositor estadounidense John Cage, y que tuvo direcciones y desviaciones, según quién fuera el responsable a cargo, entre ellos: Terry Riley con sus materiales hinduistas y su lenguaje improvisatorio; Steve Reich con la simulación del Gamelan o de la percusión africana; LaMonte Young con la pitagórica “Entonación Justa” y su laconismo radical; o Philip Glass con su minimalismo pop. La corriente musical asociable a lo minimal en Latinoamérica está más cerca al “Arte Povera” (arte pobre en italiano) de las artes visuales que nació después del minlmalismo: “Un arte pobre en materiales pero rico en significados”, decia en 1967, el crítico Germano Celant.

ff00109La música austera tiene en nuestro país un vasto terreno  mapeado a través de la visiones sonoras de algunos músicos de formación clásica cuyas estéticas estuvieron íntimamente ligadas con la idea de la máxima limitación material. Uno de los referentes de esta estética, el compositor argentino Oscar Bazán, en mayo de 2000 explicaba: “Quería empezarlo todo de nuevo, con una limpieza. La no-escala, el no-ritmo , que se descubra de nuevo el pulso, y de allí el ritmo, el sonido, y recién después el intervalo.”

Un estudio mundial sobre minimalismo y el arte pobre debería incluir estos nombres argentinos: Oscar Bazán, Eduardo Bértola, Graciela Paraskevaidis, Mariano Etkin, Norberto Chavarri, Gustavo Ribicic, Carlos Costa, Carlos Mastropietro, Arturo Gervasoni, Hernan Vives, Jorge Labrouve, Damián Rodríguez Kees y Carmen Baliero. Todos compositores de distintas generaciones, estilos e intereses estéticos. Entre las similitudes artísticas habitan sus diferencias musicales pero sus condiciones sociales, su compromiso ideológico y un espíritu latinoamericano definieron ética y estéticamente la dimensión de sus materiales acústicos. Crearon entonces un lenguaje propio, al que algunos llamaron minimalismo, y otros simplemente “música austera”.

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El primer texto es un extracto de la nota publicada originalmente en Ñ el (24/06/2006), al cumplirse un año de la muerte de Oscar Bazán.

El segundo fue publicado originalmente en el Catálogo de Experimenta 2000.

Un agradecimiento especial a Claudio Bazán.

 

 

 

 

 

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